Internacionalismo y Nacionalismo – José Carlos Mariategui

En varias de mis conferencias he explicado cómo se ha solidarizado, cómo se ha conectado, cómo se ha internacionalizado la vida de la humanidad. Más exactamente, la vida de la huma­nidad occidental. Entre todas las naciones in­corporadas en la civilización europea, en la civi­lización occidental, se han establecido vínculos y lazos nuevos en la historia humana. El inter­nacionalismo no es únicamente un ideal; es una realidad histórica. El internacionalismo existe como ideal porque es la realidad nueva, la reali­dad naciente. No es un ideal arbitrario, no es un ideal absurdo de unos cuantos soñadores y de unos cuantos utopistas. Es aquel ideal que Hegel y Marx definen como la nueva y supe­rior realidad histórica que, encerrada dentro de las vísceras de la realidad actual, pugna por ac­tuarse y que, mientras no está actuada, mien­tras se va actuando, aparece como ideal frente a la realidad envejecida y decadente. Un gran ideal humano, una gran aspiración humana no brota del cerebro ni emerge de la imaginación de un hombre más o menos genial. Brota de la vida. Emerge de la realidad histórica. Es la realidad histórica presente. La humanidad no per­sigue nunca quimeras insensatas ni inalcanzables; la humanidad corre tras de aquellos ideales cuya realización presiente cercana, presiente madura y presiente posible. Con la humanidad acontece lo mismo que con el individuo. El individuo no anhela nunca una cosa absolutamente imposible. Anhela siempre una cosa relativamente posible, una cosa relativamente alcanzable. Un hombre humilde de una aldea, a menos que se trate de un loco, no sueña jamás con el amor de una princesa ni de una multimillonaria lejana y desconocida, sueña en cambio con el amor de la muchacha aldeana a quien él puede hablar, a quien él puede conseguir. Al niño que sigue a la mariposa puede ocurrirle que no la aprese, que no la coja jamás; pero para que corra tras ella es indispensable que la crea o que la sienta relativamente a su alcance. Si la mariposa va muy lejos, si su vuelo es muy rápido, el niño renuncia a su imposible conquista. La misma es la actitud de la humanidad ante el ideal. Un ideal caprichoso, una utopía imposible, por bellos que sean, no conmueven nunca a las muchedumbres. Las muchedumbres se emocionan y se apasionan ante aquella teoría que constituye una meta próxima, una meta probable; ante aquella doctrina que se basa en la posibilidad; ante aquella doctrina que no es sino la revelación de una nueva realidad en marcha, de una nueva realidad en camino. Veamos, por ejemplo, cómo aparecieron las ideas socialistas y por qué apasionaron a las muchedumbres. Kautsky, cuando aún era un socialista revolucionario, enseñaba, de acuerdo con la historia, que la voluntad de realizar el socialismo nació de la creación de la gran industria. Donde prevalece la pequeña industria, el ideal de los desposeídos no es la socialización de la propiedad sino la adquisición de un poco de propiedad individual. La pequeña industria genera siempre la voluntad de conservar la propiedad privada de los medios de producción y no la voluntad de socializar la propiedad, de instituir el socialismo. Esta voluntad surge allí donde la gran industria está desarrollada, donde no exista ya duda acerca de su superioridad sobre la pequeña industria, donde el retorno a la pequeña industria sería un paso atrás, sería un retroceso social y económico. El crecimiento de la gran industria, el surgimiento de las grandes fábricas mata a la pequeña industria y arruina al pequeño artesano; pero al mismo tiempo crea la posibilidad material de la realización del socialismo y crea, sobre todo, la voluntad de llevar a cabo esa realización. La fábrica reúne a una gran masa de obreros; a quinientos, a mil, a dos mil obreros; y genera en esta masa no el deseo del trabajo individual y solitario, sino el deseo de la explotación colectiva y asociada de ese ins­trumento de riqueza. Fijaos cómo comprende y cómo siente el obrero de la fábrica la idea sin­dical y la idea colectivista; y fijaos, en cambio, cómo la misma idea es difícilmente comprensi­ble para el trabajador aislado del pequeño taller, para el obrero solitario que trabaja por su cuen­ta. La conciencia de clase germina fácilmente en las grandes masas de las fábricas y de las nego­ciaciones vastas; germina difícilmente en las masas dispersas del artesanado y de la pequeña industria. El latifundio industrial y el latifundio agrícola conducen al obrero primero a la organización para la defensa de sus intereses de clase y, luego, a la voluntad de la expropiación del latifundio y de su explotación colectiva. El so­cialismo, el sindicalismo; no han emanado así de ningún libro genial. Han surgido de la nueva realidad social, de la nueva realidad económica. Y lo mismo acontece con el internacionalismo. Seguir leyendo “Internacionalismo y Nacionalismo – José Carlos Mariategui”

Contra las Guerras del Imperio, la Guerra de Clases

El siguiente texto fue producto de la discusión entre un miembro de Red Antihistoria y un miembro de la Corriente Comunista Internacional en Monterrey, Nuevo León que se llevó acabo en junio del 2013 ante las primeras amenazas de guerra entre los gobiernos de EUA y Corea del Norte. Ante la renovación de estas amenazas creemos pertinente reproducir este corto texto.

Consideramos que es pertinente compartir la crítica libertaria con el resto de las propuestas anti-estatistas para lograr el esclarecimiento del proceso revolucionario. Hoy tenemos la necesidad de dejar claro que todos los Estados son opresores, por lo tanto toda guerra nacida de un Estado es perjudicial para la clase trabajadora.  

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