Brujas, herejes y cansancio: Constelación contra el trabajo – Ricardo Campillo

Hace tiempo me pregunte si trabajando podría salir de la miseria y de la infelicidad. ¡Pero qué ingenuo fui!

Algunas veces podemos pensar bajo el efecto ebrio de la ideología del trabajo, sin embargo, entre más se utiliza la crítica y la negación de las construcciones burguesas, es imposible no inquietarse sobre todo lo que sucede frente a tus narices. Como se cuestionó un anarquista en algún momento “¿Cómo es posible que los humanos hayan llegado a considerar que trabajar en algo innecesario que nos hace infelices es moralmente superior a no trabajar?” (Graeber, 2019, p.291). Aunque sabemos que un trabajo entre más infeliz te haga, innecesario no es, por el solo hecho de que comer es muy importante, pero tenemos que aseverar esta cuestión y encargarnos de encontrar el verdadero meollo del asunto. El asunto es que, bajo las condiciones del sacrificio del trabajo, que aceptamos “libremente”, nos deterioramos orgullosamente. El emblema de todos aquellos que quieren cambiar el mundo siempre ha sido trabajo y más trabajo, pero a pesar de tanto trabajo, la miseria, la hambruna, la infelicidad no ha cambiado, al contrario, parece ser que entre más trabajamos caemos de cara hacia todo aquello que queríamos evitar. La historia deja claro, que no existe un escrito satisfactorio sobre sobre los significados del trabajo (Wright, 1951), que ponernos a trabajar fue un acto sumamente violento, pero parece que la normalización de la violencia ha sido un acto que los vencidos pretendemos apretujar con cariño. Como diría el buen Kurz (1999)[i], “para que la humanidad estuviera en condiciones de interiorizar el dominio del trabajo y del interés propio tuvieron que ser exterminadas todas las instituciones de autoorganización y de la cooperación autodeterminada de las antiguas sociedades agrarias” (P.105

“Todos los días nos levantamos y hacemos un mundo juntos; pero ¿Quién en su sano juicio, si tuviera libertad completa decidiera hacer un mundo como este?” (Graeber, 2019, p.338)[ii]. Siempre nos esforzamos por cambiar todo a nuestro alrededor, pero bajo los estatutos, sin modificación, de la vida del trabajo. Sería difícil negar, que mantenernos ocupados en oficios innecesarios, mal pagados e infelices, es un método de dominio, y, que, en una vuelta a la pereza, a la cultura y al hacer, podría ser algo peligroso para la formación social específica en la cual nos encontramos. Algo de cierto habrá en lo que comentaba Le Grand (1675), basándose en las opiniones comunes de los pueblos de las indias orientales, que tanto los simios como los babuinos, dotados de entendimiento y habla, no lo hacían por miedo a que les den un empleo y los sometan a trabajar, ¿Quién los culparía de evitar tal barbaridad?

Más allá de someterse al trabajo, más allá de evitar el trabajo, sacarle la vuelta como si este desapareciese solo por ignorarlo, habrá que crear las propuestas necesarias para visualizar un mundo sin este, un mundo en el cual tanto el trabajo como los abolicionistas del trabajo, queden recordados en bellos textos de los libros de historia, lecturas que podremos apreciar sin prisas, sin relojes, sin mediciones y con la calma necesaria para ocupar del conocimiento de la lucha anti-trabajo.

“Estoy convencido de que, en el fondo, esta tendencia a perpetuar los trabajos inútiles no es más que miedo a las masas, pues (según creen algunos) las masas son animales tan rastreros que, si tuvieran tiempo libre, serían peligrosas; es más seguro mantenerlas muy ocupadas para que no piensen”

(Orwell en Graeber, 2019, p.323).

Los abolicionistas del trabajo, tendremos más que criticar la estructura ideológica del trabajo, reproducir una teoría negacionista y crítica, una teoría de la acción que concuerde en todas las direcciones necesarias para negar el trabajo, pero también, acciones que repercutan en dejar de trabajar. ¿Cómo podríamos dejar de crear tantos y tantos trabajos absurdos que se utilizan solo para distribuir el dinero? ¿Y la propiedad privada? ¿Y, el estado? Todas estas preguntas algún día tendrán que entrar en rigor entre individuxs, y será los más complejo, porque ya no podemos fiarnos en todas aquellas ideologías del trabajo que se dedican a pensar por nosotrxs y que reproducen la idea que queremos abolir, todas esas formas de pensar-accionar-sin-pensar de los partidos, sindicatos, etc. Tendrán que irse por un tubo, algunas ya tuvieron en sus objetivos la abolición del trabajo asalariado, pero decidieron dejarlo en el baúl de los recuerdos[iii].

“La negación de la sociedad del trabajo solo puede consistir en que la gente vuelva a apropiarse de sus relaciones sociales en una escala histórica más elevada. Los enemigos del trabajo impulsarán, por tanto, la constitución en todo el mudo de federaciones de individuos asociados libremente que le arrebaten los medios de producción y de existencia a la máquina vacía del trabajo y explotación y los tomen en sus propias manos

(Kurz, 1999, p.99).

Brujas, herejes, cuerpo y trabajo

Hablar de brujas y herejes es un recuento histórico importante que nos ofrece una participación de la lucha contra el trabajo desde una transición del feudalismo al capitalismo en la Europa, se podría llamar una transición del trabajo siervo al trabajo asalariado (no se pretende en este escrito defender ningún trabajo). Cabe aclarar, que la transición feudalismo-capitalismo no fue una transición a nivel mundial como a veces se confunde, y que la lucha anti-trabajo como la mencionamos, fue una postura contra la esclavitud que esta ofrecía, no está claro, o por lo menos, este recuento histórico no tiene claro, si las luchas que recrearon los herejes, las brujas y el movimiento proletario en construcción tenía una noción de la abolición del trabajo, lo que sí está claro, es que ser despojados de sus tierras, sus espacios y su conexión con la naturaleza con las que se materializaban sus medios de existencia, provocaban una clara aversión al trabajo asalariado que se venía imponiendo.

“El hombre pobre siempre trabaja, siempre preocupado, trabaja y llora, no ríe nunca de corazón, mientras que el rico ríe y canta (…) Los buenos trabajadores hacen pan de trigo, pero nunca lo mastican; no, sólo reciben los cernidos del grano, del buen vino sólo reciben los fondos y de la buena ropa sólo las hilachas. Todo lo que es sabroso y bueno va para la nobleza y el clero”

(Cohn, 1970: 99-100)[iv].

El movimiento herético fue un movimiento de tipo teológico, de la cual algunos historiadores la conciben como una teología de la liberación, muy influyente en Latinoamérica (…) que no era en sí un movimiento propiamente ateo como erróneamente se percibía, de hecho, la creencia que se tenía hacia los seres espirituales o superiores, estaba, por muy en contra, de lo que establecía la iglesia, ellxs tenían una interpretación propia de los textos antiguos, fue por ello que fueron duramente perseguidxs. Mucho del movimiento herético tenía una representación muy importante por parte las mujeres, o brujas, llamadas así por sus amplios conocimientos en medicina, herbolaría, etc. Ellas fueron mujeres mayores, que tenían relaciones con otras mujeres acerca de métodos anticonceptivos y practicaban el aborto cuando era requerido, sin olvidar a las parteras, que antecedieron al género masculino dentro de sala de partos, y el motivo de la introducción de los varones a estos espacios, fue, más por el miedo a su organización que por fines médicos, esto se ajustaba bien en la persecución de brujas “come niñxs” y herejes por parte de la iglesia (Federici, 2015).

La expropiación de las tierras comunes del campesinado, o sea, la “liberación de fuerza de trabajo” no fue bien recibida por el proletariado que se estaba formando, trabajadores y artesanos no aceptaban trabajar[v] por un salario de forma pacífica, se ocuparon demasiados látigos, ejecuciones e inclusive leyes que prohibieran el juego para crear una buena disciplina de trabajo[vi], pero esto no era suficiente, el odio al trabajo asalariado era tanto, que muchos preferían ir a la orca o practicar la mendicidad.

El dominio del cuerpo, siempre ha sido un factor importante para las clases dominantes, el Estado como la iglesia se han dado a la tarea de satanizar el cuerpo para poder encontrar la forma ideológica de dominar las masas, este fue el medio de control utilizado hacia las mujeres en la transición al capitalismo. La burguesía industrial tuvo una importante tarea, encontrar la forma de controlar la psicología de las masas para poder enviar a los cuerpos a la disciplina del trabajo por su “propia voluntad”, tuvo sus representantes, y la filosofía mecanicista aportó bastante al espíritu burgués. Reducir al cuerpo a un simple aparato, que se articula, se mueve, como un engranaje sin voluntad propia, medido y estandarizado, fue la forma en que autores como Hobbes y Descartes implementaron el apoyo filosófico que la disciplina del trabajo ocupaba. Sabemos que el cerebro es aquel que lleva y direcciona las cargas eléctricas al cuerpo, para que este lo convierta en energía mecánica y se refleje en movimiento, pero, también sabemos que es un conjunto único, y que teorizar tergiversando entre mando (cerebro) y ejecutante (cuerpo) funciona perfectamente para en la aceptación del control del cuerpo trabajador, como de la forma en que se explota y domina el medio ambiente, así, la autoridad y el mandato se va objetivando en la psicología como algo puramente racional dentro de las áreas de trabajo. Federici (2015, 2015:231) comentaba que para Descartes “el cuerpo está divorciado de la persona” y que para Hobbes “la mecanización del cuerpo sirve de justificación para la sumisión total del individuo al poder del Estado” (2015:232).

“La filosofía mecanicista se percibe en un nuevo espíritu burgués, que calcula, clasifica, hace distinciones y degrada al cuerpo solo para racionalizar sus facultades, lo que apunta no sólo a intensificar su ejecución, sino a maximizar su utilidad social”

(Focault, 1977:137-138)[vii].

Al perder el cuerpo ante el mundo de la disciplina del trabajo, éste perdió todo su resplandor cosmológico, ya no era la magia del cuerpo y la naturaleza, si no el cuerpo-máquina vacío, que se ordenaba y se dirigía mecánicamente. “En otras palabras, podemos observar que la primera máquina desarrollada por el capitalismo fue el cuerpo humano y no la máquina de vapor, ni tampoco el reloj” (Federici, 2015:243).

No era difícil reconocer el miedo que sentían las clases poderosas del siglo XVI-XVII hacia las mujeres, brujas y herejes. Estos significaban el descontrol de la disciplina y una forma distinta de pensar, entre magia y revueltas anti-trabajo, se aplicaron grandes correctivos a lxs demonios del cristianismo. Se desapareció la magia, que era una forma de práctica popular que consistía en remedios caseros a malestares, formas de encontrar cosas perdidas y hasta hechizos, aunque ponemos en duda la mayoría de estas prácticas, era la forma en que la clase pobre ponía sus actos de fe a la naturaleza. Imagina que tan bueno sería para la disciplina laboral y la clase dominante que los pobres quisieran conseguir cosas sin necesidad de ir a trabajar. La Europa del desarrollo privó a la mujer sexualmente activa porque era una amenaza al control del hombre trabajador, quemó brujas y herejes por sus prácticas comunitarias, esclavizó a los trabajadores al salario. Las prácticas de violencia no quedaron hasta ahí, encontraron en el nuevo mundo al indio que llevaba una vida “libre de trabajo pesado y tiranía” (Brandon con Federici, 2015:350), fue necesario que los españoles justificasen su ambición de oro y plata inventando una misión de conversión de los aborígenes de América, utilizando la misma herramienta contra la bruja y lxs herejes, adjudicándoles término de negros (endemoniados), caníbales, poligámicos y homosexuales, pero más que nada flojos que había que corregir. “El azote, la orca, el cepo, la prisión, la tortura, la violación y ocasionalmente la muerte se convirtieron en armas comunes para reforzar la disciplina laboral” (Cockroft, 1990.19).

Reflexionando sobre el cansancio y el fin del trabajo

Una de las batallas bien ganadas de la sociedad del trabajo es, su reproducción aficionada por las mismas masas, por lo regular, ya no se trata de un puñado de hombres con látigo obligándonos a trabajar (hablo en sentido metafórico, aunque existen casos tan pegados a la realidad), sino que, aunque la mayoría deteste su trabajo, busca la forma de salir a la calle de forma magistral. La auto-explotación[viii] que llevamos hoy en día produce serios daños psíquicos y físicos, pero sin importarnos, y deseosos del tan mentado éxito, utilizamos todos los medios posibles para poder sobre-salir en el ámbito del trabajo, en su gran mayoría me refiero a la “clase mediera”[ix], radiante de positividad, lleno de couching y extremadamente infantil. La “absolutización del ser activo” que está en constante ánimo, desgarra el cuerpo y provoca un gran cansancio, no hablamos solamente de ese cansancio físico que nos lleva a la pausa de actividades, sino en una reproducción cotidiana a un “cansancio que separa” (Handke citado por Chul Han, 2017: 68), que “aísla y divida” (Chul Han, 2017:68). Un cansancio fuera de la comunidad. El sobresaliente extremo de estar cansado no deja alternativa alguna para para relacionarse con el mundo exterior, ni con el otro, inclusive, el tiempo perdido dentro de la auto-explotación laboral produce una separación del “yo” producto del agotamiento. La nueva dinámica de las clases que tienen algún privilegio, es trabajar sin patrón, trabajando para “uno mismo” creyendo tener la fórmula para salir de la crisis, pero manteniendo las mismas formas de dominio del capital basado en el trabajo[x]. “Se detesta el patrón, pero se quiere ser empleado a toda costa” (Comité invisible, 2020:32) manteniendo la “economía de la eficiencia”, reproduciendo el trabajo de formas menos susceptibles a la percepción de la forma Trabajo-capital, y recurriendo a los excesos que estos ocasionan.

Aquí es donde abordamos a Byung-Chul Han, en sus estudios sobre la sociedad del cansancio, que en contrapartida al “cansancio de la separación”, retoma el “cansancio fundamental, elocuente, despierto, común o profundo” (Chul Han, 2017: 69-72) profundizando una aceptación del cansancio para la transformación de la vida fuera de la constante del hacer-acelerado. Byung, no pretende dar una solución metódica a la sociedad de aceleración, pero sí, más que pensar en qué hacer, se concentra en un no-hacer, un no fuera del método productivista, una forma de poder aceptar que se está cansado y se retorne a las relaciones entre personas, es como un sentarse a platicar con un amigo, despertarse y reflexionar sobre la vida que hay que dejar de hacer y reproducir, aceptar el cansancio sería empezar a no-hacer trabajo[xi].

Si miramos al nuestro alrededor todo gira en torno a categorías esenciales del capitalismo, todas estas se muestran como naturales. Vemos un trabajar constante, acelerado, cansado, organizado, asalariado y sobre todo en crisis. Uno de estos días tendremos que dejar de trabajar y es ahí donde se comenzará a vivir en comunidad o terminar en desastre.

“El desastre aquí es previo: recae en todo lo que ha habido que destruir, en todos aquellos a los que ha habido que desarraigar para que el trabajo acabe por parecer la única forma de existir”

(Comité invisible, 2020:35-36).

Bibliografías

Chul Han, Byung (20017). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder

Cockroft, James D. (1990). México: Class formation, capital acumulation and teh estate. Nueva York: Monthly review press.

Comité invisible (2020). La insurrección que viene. España: Pepitas de calabaza. L insurrection qui vient.

Federici, Silvia (2018). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Buenos Aires: Tinta Limón ediciones.

Foucault, Michel (2008). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Madrid: siglo XXI.

Graeber, David (2019). Trabajos de mierda. Colombia: Bolívar impresores S.A.S.

Kurz, Robert (2018). Manifiesto contra el trabajo. Barcelona:Virus editorial.


[i] Robert Kurz, filósofo marxista quien integraba y fue fundador del grupo Krisis, quienes se interesaban en la crítica del valor y un tema fundamental que integra la crítica y abolición del trabajo.

[ii] La cita que se utiliza de Greaber, ha sido manipulada por el autor, agregando una idea simplificada que se visualiza en las letras cursivas.

[iii] Por ejemplo, aquellos intentos de la economía popular paralela que se dio en Venezuela con Hugo Chávez, que terminaron abandonándose, y que hasta Trotsky dio algunos indicios de la abolición del trabaja asalariado, pero quedó inconclusa su idea, no saliendo del hoyo del marxismo tradicional (Azcurra, 2017).

[iv] Cohn es citado así con Federici en su libro “el Calibán y la bruja” (2015: 85).

[v] Es importante aclarar que mucho de lo que realmente era “hacer” se le llamaba también trabajo.

[vi] Solo en Inglaterra se colgaron 72.000 personas por Enrique VIII durante los 38 años de su reinado (Federici, 2015:223).

[vii] Foucault es citado así con Federici en su libro “el Calibán y la bruja” (2015: 230).

[viii] La auto-explotación de la que nos referimos en este escrito, es sin duda abordada por las clases pequeño-burguesas, sin exceptuar el ánimo de algunos de los integrantes de la burguesía y el proletariado, en su ímpetu por sobresalir sin patrón, los cuales mantienen cierto privilegio socio/económico para abordar negocios “autogestivos”.

[ix] Aunque hablar de “clase media” es un poco ridículo, nos referimos a la clase media como portadora histórica del productivismo laboral, nacidas de una influencia Post-fordista y Keynesiana amantes del trabajo.

[x] Aquí se pretende hacer un acercamiento entre la crítica del trabajo y la manifestación de “la sociedad del Cansancio”, de Chul-Han.

[xi] Podría parecer contradictorio el “no-hacer” de Byung con la propuesta del “hacer en vez de trabajo” de Jhon Holloway, pero los análisis de ambas se direccionan hacia un mismo lado, el no-hacer dentro de una sociedad aceleracionista y un hacer fuera del trabajo.

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