De la utilidad y los perjuicios del pensamiento de Nietzsche para la vida – Daniel A. Rascón

Yo no aplasto la corola de milagros del mundo ni extermino con la inteligencia los enigmas que encuentro en mi senda, en las flores, en los ojos, sobre labios o tumbas. La luz de los otros ahoga el hechizo de lo desconocido que se esconde en las profundidades de la oscuridad, pero yo con mi luz aumento el misterio del mundo. Así como la luna con sus blancos rayos no disminuye, sino, temblorosa, aumenta más el secreto de la noche, así enriquezco yo también el oscuro horizonte con altas flores de sagrado misterio y todo lo que es incomprensible cambia en misterio más grande todavía bajo mis ojos, porque yo amo flores y ojos y labios y tumbas.

-Lucian Blaga.

Resumen:

El presente artículo tiene como objetivo esbozar el pensamiento filosófico de Friedrich Nietzsche a partir de dos dimensiones: Nietzsche como lector y como escritor. En la sección dedicada a Nietzsche como lector se abordarán las afinidades interpretativas entre los pensamientos de Spinoza y Nietzsche, así como los puntos en común entre éste y Max Stirner. Sugerir un vínculo entre estos tres filósofos no es una tarea original. Ya antes Deleuze había advertido que Nietzsche y Spinoza parten desde un monismo materialista, fuertemente amoral. Además, reconoció que la crítica Nietzscheana a los prejuicios morales tiene raíces en el nihilismo anárquico de Max Stirner, el único filosofo pesimista que no parte de una línea Schopenhaueriana, sino del sistema Hegeliano. Asimismo, la sección dedicada a Nietzsche como escritor propone que el estilo literario de Nietzsche contiene dos niveles: uno de carácter metafórico (a menudo bastante disperso y fragmentado) y otro de carácter observacional, atento a las afecciones del cuerpo y al espacio que lo rodeaba para trazar el contexto de sus afirmaciones, sobreviniendo en un pensamiento vivencial. Por último, se abordará la relación de Nietzsche con el anarquismo y sus valoraciones sobre el Estado, el individuo, la moral y el nihilismo.

I) Nietzsche como lector

I. ¿Spinoza en el pensamiento de Nietzsche?

Una vida errante, maldita y a menudo peligrosa correspondió a dos filósofos que comparten afinidades interpretativas, y que Peña Vidal ha considerado como los únicos pensadores intempestivos: Spinoza y Nietzsche. Entre ambos muestran una marcada tendencia por el cuerpo y sus afecciones, negando así la existencia de los principios morales por cuanto consideran el devenir del orden natural en tanto “inocente’’, de tal forma que sus consideraciones filosóficas parten desde un plano de inmanencia. Asimismo, afirman que la vida no es, de ningún modo, la preparación para un posterior trasmundo, al cual solo se puede acceder por medio de la abnegación, la obediencia y el pudor, y sostienen que ‘el concepto de más allá y mundo verdadero han sido inventados para desvalorizar el único mundo que existe’’ (2012, p. 10) dado que para ambos moralizar e idealizar son sinónimos. Por este motivo, el error que Nietzsche pretendió denunciar a lo largo de su obra es la fe en el ideal, la cual se combate por medio de la honestidad intelectual. Esta radica en ser fieles al sentido de la tierra, esto es, valorar la realidad material sin prejuicios y temores por medio de una lucidez que ponga en tela de juicio la fe, los hábitos, la moral, la razón y la servidumbre. Se trata de una praxis y concepción del mundo que objeta la noción moderna de lo ‘bueno y lo verdadero’’ al dar primacía a una (o múltiples) forma de acoger y pensar la vida como práctica social alterna en relación con la naturaleza.

La ética Spinoziana, por su parte, propone sustituir un sistema de valores trascendentales para observar el proceder y las intenciones humanas a partir de un método de explicación de los modos de existencia inmanentes. El parámetro fundamental para el bien y el mal radica en si una cosa aumenta o disminuye nuestra potencia de actuar, no si es aprobada por los designios de Dios1. Consecuentemente, ambos consideran que el plano de inmanencia solo puede recuperarse a través de la re apropiación del mundo, hasta la fecha malgastado por la óptica cristiana2. Dicha recuperación fue simbolizada por Nietzsche en las tres transformaciones del espíritu: Camello, León y Niño. De acuerdo con Franca Maccioni, esta transición constituye un esfuerzo para edificar una nueva moral (afirmativa y no dogmática) capaz de concebir un nuevo mundo:

No basta, decía con la respetuosa actitud del camello que acepta cargar en el desierto con las cosas más pesadas, en nombre de la Verdad, de héroes que nos desprecian o de fantasmas que quieren causarnos miedo. Tampoco alcanza con la actitud del león que conquista su libertad afirmando su deseo contra el gran dragón del deber y de los “valores milenarios” que brillan en sus escamas, que opone su palabra al Sentido insensato establecido de la Historia, la Literatura y el Mundo. ¿Qué es capaz, se pregunta, de hacer el niño entonces que ni el poder del león ha logrado? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. (Maccioni, F. 2015, P. 66).

Tanto Spinoza como Nietzsche niegan la existencia de un dios personal y tachan las creencias religiosas como un acto de ignorancia. Spinoza, sin embargo, conserva la palabra para atribuirle su significado a la totalidad de lo real (Deus serve natura). Nietzsche, por su parte, entiende a Dios como un sujeto verbal y, por lo tanto, advierte que la humanidad se encuentra enajenada por la gramatica3. En ambos componen una fuerte afirmación por la vida y los impulsos vitales, pero: ¿Cómo sabían los seres más enfermizos de la filosofía sobre el valor del cuerpo y que lo bueno es aquello que nos es más útil, más no bajo el cálculo frio del pensamiento mercantil? Conviene señalar que ambos filósofos reconocen la existencia de una fuerza que afecta, no solo a los/as seres humanos/as, sino al conjunto de cosas en la naturaleza: Conatos en Spinoza y Voluntad de poderío en Nietzsche.

Ambos principios se presentan como una fuerza dinámica que impulsa a los cuerpos a reafirmarse como tales4. Empero, las pasiones humanas son tratadas por Spinoza ‘como si fuese cuestión de líneas, superficies o cuerpos’’ (2014, p.200). Conatos, por ejemplo, significa conservar aquellos instintos a través de los cuales, procuramos extender la fuerza vital y el ejercicio del entendimiento, de suerte que ‘él esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma’’ (2014, p.210). Frente al ordenamiento causal que establece Spinoza, Nietzsche objeta que la naturaleza carece de un principio ordenador. En La gaya ciencia advirtió que el universo es, en su totalidad, caótico. No hay tampoco ningún carácter o intención en el mundo. No se trata del mejor de los mundos posibles (Leibnitz, 2003) ni mucho menos de una fuerza destructora de carácter maligna (Schopenhauer, 2005).

Para Nietzsche la libertad es una posibilidad. Se trata de un privilegio producto del autodominio, el esfuerzo y la serenidad5. No es una propiedad, sino la lucha por la autonomía y la afirmación frente a los dolores del mundo y el principio de autoridad. Igualmente, para elevarse frente a los/as enemigos/as y poder distanciarse de la multitud, Nietzsche observo que es menester cultivar un recuerdo vivo de todas aquellas injusticias y rencores que nos han afectado, fomentando así la sensación de un rencor saludable (y de carácter histórico) capaz de sobreponerse a cualquier tipo de engaño y humillación con dignidad. Empero, no subestima el influjo de la crueldad, al contrario, su pensamiento es un racionalismo libre y sin prejuicios que busca la verdad a toda costa, y que se opone a la noción de’’naturaleza humana’’ por cuanto considera que la realidad es, antes bien, evolutiva.

Por ese motivo, para Nietzsche es claro que la humanidad nunca será capaz de eliminar la violencia y no tiene caso condenarle o combatirle por medio de un orden simbólico ampararado por una dimensión moral y las leyes punitivas, puesto que, en última instancia, el castigo6 y la persecución solo manifiestan que no podemos tolerar la realidad y que necesitamos, por consiguiente, de estímulos espirituales para subsistir. De manera análoga, Spinoza afirmo que nada de lo que hemos aprendido hasta ahora se ha logrado sin un poco de crueldad, ya que el contacto íntimo con la vida constituye un punto de quiebre en tanto sensación inter-corporal que incide más allá de nuestra subjetividad. Por consiguiente, postulo que la suspensión de la moral es precisamente aquella estimación que, frente al curso natural de los acontecimientos, deduce de estos que’’lo que no puede ser prohibido es necesario permitirlo, aunque muchas veces se siga de ahí algún daño’’ (1996, p. 273), en virtud de que ninguna autoridad puede contener el mal y aspirar a ello sería fomentar su contra cara: un teatro de crueldad al servicio de la arbitrariedad legislativa y los vicios más mezquinos.

Con todo, una pena estipulada por un sistema jurídico pretende, ante todo, implementar justicia, incluso si no parte desde una posición respaldada por un puñado de principios axiológicos encargados de configurar una serie de valores. Antes bien, para Nietzsche existen todo tipo de casualidades y pasiones que permean en las ganas de dominar, las resistencias que se le oponen, etc. Por ello resalto dos elementos a considerar con respecto a la pena: I) En la pena hay un elemento duradero como, por ejemplo, el uso de un castigo impresionante o un drama milenario que sirve para escarmentar. II) el sentido que se le atribuye es siempre fluctuante pues su finalidad o principio varia conforme su uso en el tiempo.

Para Nietzsche, entonces, el procedimiento de un castigo es anterior a todo sentido pues, este último, se introduce solo a través de una reinterpretación constante. El proceso histórico de dicha arbitrariedad incluye (y a su vez transforma) a figuras como el Estado, la iglesia o el mercado, las cuales administran mecanismos de explotación y represión que han ido cambiando en un tiempo de larga duración, y que responden a las necesidades contingentes del sistema de dominación en su conjunto. En consecuencia, si la funcionalidad del castigo, las leyes y el sentido común sirven para el sustento de una determinada clase social o los intereses de cualquier grupo de poder, entonces la evidencia nos indica que’’cualquier reforma (…) por más importante que sea, sólo reproduciría un sistema que está viciado desde su misma concepción’’ (Cuadernos de negación, 2011, p. 13).

II. ¿El Único lector de Stirner?

Es de común conocimiento que el pensamiento filosófico de Nietzsche tuvo su origen en el impacto emocional que le causo la obra de Arthur Schopenhauer y en la admiración que sentía por la música y figura de Richard Wagner. Pensadores tales como Charles Andler, Giles Deleuze, Miguel Giménez Igualada, Albert Levy, Max P. Stahl y Edouard Von Hartmann han considerado que Nietzsche también se vio influenciado por Max Stirner, filósofo alemán perteneciente a un circulo de intelectuales denominados’’Los libres’’7, y cuya obra capital lleva por título El único y su propiedad.

Franz Overbeck (amigo íntimo de Nietzsche) postulo que la influencia de Stirner parece remontarse a la redacción de Humano, demasiado humano pues es precisamente a partir de esta obra que Nietzsche elaboro una valorización pormenorizada de la figura del Estado y el papel del individuo. Uno y otro plantean críticas análogas: I) Desmitificación de la moral en tanto egoísmo inconsciente. II) Rechazo del imperativo categórico kantiano. III) Crítica de la religión. IV) Desmantelamiento del Estado-Nación. V) Crítica de la política como abstracción c. VI) Rechazo de la concepción moderna de trabajo y las relaciones de producción capitalista8.

Asimismo, ejecutan una genealogía de la moral y sitúan en su punto de partida la culpa de Sócrates en tanto portador de una moral que suscita la separación entre el alma y el cuerpo9. Stirner coloca en el quid de la moral dicho apartamiento y la estimativa del espíritu como cardinal a la materia, de tal forma que, el ánima usurpa al Individuo al persuadirle de que’’ese reino de los espíritus es la realidad misma’’ (2014, p.128). Se engendra entonces lo que Stirner acusa a nombre de fantasmagorías. Dichos espectros tienen como motivo que los/as individuo/as se sacrifiquen ante un orden degradante que depende de nuestra domesticación y la destrucción de diversos modos de vida: ’’Dios y la humanidad’’ (2014, p. 59).

Por su parte, Nietzsche no se contenta con denunciar la muerte de Dios, sino que además advierte de sus sombras, en virtud de lo cual, ambos filósofos comparten una crítica al concepto de revolución. De acuerdo con Alain Badiu, dicha critica ‘’consiste en decir que, en lo esencial, la Revolución jamás ocurrió. Entendamos, ella no existió como revolución, puesto que realmente no partió en dos a la historia del mundo, y dejó intacto el dispositivo cristiano de los viejos valores’’(1998, p. 05) originado por Sócrates, y cuya pretensión ha sido desmaterializar el orbe entero, primero a partir de la búsqueda de Dios y luego por medio de todo tipo de marañas ideológicas tales como El hombre, la familia o la patria, los cuales trasponen o proyectan los fines ’’del espíritu de moralidad, de legalidad, de piedad, etc.’’(2014, p.122) para dar sentido de nuestras acciones, deseos y obligaciones, a menudo involuntarias. Por consiguiente, el eje rector del pensamiento ha sido fundamentalmente una mentira que, a su vez, se manifiesta como expresión de la banalidad humana que ha intentado inútilmente’’cambiar el fantasma en un no fantasma, lo no real en real, el espíritu en una persona corporal’’ (2014, p. 96).

En el cristianismo no hay lugar para el fortalecimiento del cuerpo, la dulzura hacía con los/as demás y el vigor que se experimenta ante la auto afirmación. Sus intenciones de infringir e infringirse daño se originan en una falta y solo por está justifican la sumisión y la recompensa de un más allá. El cristianismo es hostil ante la vida, por eso la maldice con una guerra perpetua contra la belleza, la creatividad y las pasiones. Primordialmente, el espíritu nos adiestra’’como un autómata del deber’’ (2017, p.21), ya que actúa por coerción o deseo vehemente para engañar a nuestros sentidos y nuestros pensamientos. No obstante, aquello que niega nuestras viseras pretende castrarnos, doblegarnos y enfermarnos10. Stirner postulo que la mayoría de las instituciones exigen el deber impersonal bajo la pretensión de mejorar las condiciones materiales o elevar el espíritu de la humanidad.

Pero más allá de las ilusiones y los buenos deseos- y a pesar, incluso, de los ideales más sublimes que podamos nombrar-, nada indica que gozamos de la gracia divina o de garantías especiales. Al contrario, uno/a solo posee un cuerpo en permanente tensión contra el espíritu que’’hizo la realidad una apariencia, un mundo mentiroso, y la esencia se tornó realidad’’ (2017, p.20) a partir de un baile macabro, y por medio de palabras tales como la justicia, la paz y la virtud.

Esta última constituye para Nietzsche la invención más peligrosa por cuanto suplanta el valor y ocasiona que cada generación muera engañada y sobrevenida por la nada en tanto que ignoramos, en definitiva, que el espíritu somos nosotros/as mismos/as, alejándonos, temerosos/as ante la futilidad que nos agobia e insatisfechos/as por una constitución corpórea que nos determina. Este extrañamiento frente a la naturaleza, esta constante sacralización de la vida y sus posibilidades, ha engendrado en nuestro sistema de valores un abierto desprecio por’’el intelecto, los sentidos, los honores, el bienestar, la ciencia’’ (2017, p. 18), ya que la moral no da cuenta de los hechos, al tratarse más bien de una interpretación inadecuada de ciertos fenómenos. Más aun, existe una relación connatural entre los juicios religiosos (la fe en Dios) y los juicios morales (el comportamiento adecuado para dicha fe), cuya síntesis deviene insustancial al no distinguir entre la realidad y la imaginación.

Ahora bien, Nietzsche postulo que la moral ha sido tradicionalmente justificada por medio de una pretensión inusitada: la del mejoramiento de la humanidad. Sin embargo, dicho mejoramiento no es tal cuando tomamos conciencia de que la moral solo acarrea un estado enfermizo y de sumisión, puesto que se trata, a fin y al cabo, de un proceso a través del cual, por medio de toda clase de dolores y miedos, se amaestra a las personas; es decir, se les educa cual si fuesen bestias para trabajar en el arado. Por ende, Nietzsche fue muy perspicaz al entrever que los ideales ascéticos poseen un profundo arraigo dentro de quienes se denominan filósofos/as. Así, por ejemplo, Spinoza había señalado que la castidad, el desapego y la soledad son medios útiles para todo aquel que desea serenidad e introspección. No obstante, incluso si el ideal ascético pone en evidencia el horror que se experimenta ante el vacío de la existencia, puesto que, al fin y al cabo,’’el espíritu puro es la mentira pura’’ (2017, p.18), Nietzsche reconoce que toda creación humana (el arte, las costumbres, la libertad, etc.) se ha desarrollado solo a través de la tiranía que la moral ejerce en la naturaleza y en la razón. Al mismo tiempo, la virtud genera decadencia al’’castrar a la humanidad y reducirla a un miserable conjunto de individuos insignificantes (2012, p. 96). El ser humano se ha subordinado a todo tipo de voces (desde sus padres hasta sus gobernantes) por lo que la mayoría esta inhabilitada para mandar u obedecerse a sí misma. Si el cristianismo ha fomentado que la obediencia sea nuestra condición primaria como individuos/as, de tal suerte que se trata de la inclinación de carácter que más se ha procurado a lo largo del tiempo, la moral del nihilismo es la fachada de la dominación en la medida que la autoridad necesita del miedo para perpetuarse indefinidamente.

II) Nietzsche como escritor

I) Escritura, estilo y cotidianidad

Causa tentación interpretar la obra de Nietzsche en tanto sistema, aunque dicha pretensión tal vez sea exagerada. Sin embargo, persiste una intuición: la de Nietzsche como un pensador que toma conciencia de un pensamiento integral y provocador, en donde los temas se iteran hasta adquirir una confección lo suficientemente provechosa como para postular un proyecto filosófico: La inversión de todos los valores11. Nietzsche percibe la escritura, estilo y vida como un solo movimiento. En vida sus obras fueron marginalizadas. Quizá esto explique porque su escritura se comprende, no solo como un ejercicio recóndito, sino también como una confesión para otros/as en tanto escritura intempestiva.

Nietzsche escribió para un futuro incierto, pensándose a sí mismo como el primero de una generación venidera de espíritus libres. En su escritura sobresale una figura literaria peculiar: pretendió explicar sus ideas a partir de analogías que guardan relación con aquellos aspectos climáticos, dietéticos, fisiológicos y mórbidos que tanto entorpecieron su salud. Estos elementos conforman un estilo de vida íntimamente ligado a un pensamiento inusitado. En el aforismo 145 de La gaya ciencia, por ejemplo, Nietzsche reflexionó en torno al’’peligro de los/as vegetariano/as’’:

El excesivo predominio de la afición al arroz conduce al empleo de opio y narcóticos, de manera semejante a como el excesivo predominio de la afición a las patatas conduce al aguardiente: pero esa afición conduce, a través de efectos más sutiles, a modos de pensar y sentir que actúan como narcóticos. Con esto concuerda el hecho de que los promotores de modos narcóticos de pensar y de sentir, tales como los maestros hindúes, alababan precisamente una dieta que es puramente vegetariana y que quieren convertir en ley de las masas: de esta manera ellos quieren provocar y aumentar aquella menesterosidad que solo ellos están en condiciones de satisfacer (Nietzsche, 2019, p. 130).

Resulta imposible descifrar el uso que Nietzsche le atribuye a ciertas figuras literarias. Si era materialista o idealista, por ejemplo, constituye una duda irrespondible12. Empero, ocasionalmente da cuenta de su enfermedad (así también de su recuperación, siempre parcial) como si se tratase de una escenografía de sus pensamientos ya que, al mismo tiempo, son el relato de la superación de dicha enfermedad, en la medida que se sublima como personaje: un hombre subterráneo llamado Dionisios el crucificado.

II. El arte de reflexionar caminando

La escritura Nietzsche muestra una fascinación por los diferentes procesos del cuerpo y por el aumento de las condiciones favorables para la preservación de la vida. Por ende, posee un estilo de reflexión y de escritura de carácter inmanente. Dicho estilo remite al cuerpo en tanto apasionado, fragmentado, e incierto. A Nietzsche le provoca indagar en aquellos pensamientos que son producto del deseo, de la fuerza y del temor. La escritura de Nietzsche (acaso también la de Thoreau) no es solo una actividad de escritorio y su referente no es, solamente, los libros. Nietzsche quiere escritores que caminen, que se expongan a la experiencia de conocer los síntomas de sus cuerpos pues su escritura fue, en definitiva, una serie de observaciones y experiencias. En Nietzsche la Filosofía es una’’dinamita’’ que cumple una doble función: desenmascarar la falsedad de todos los ídolos y evidenciar a quienes, a través de un principio ideal, desprecian al cuerpo y la vida. Nietzsche noto que caminar es una actividad que acrecienta la creatividad. El filósofo escribió: “Estar sentado el menor tiempo posible; no prestar fe a ningún pensamiento que no haya nacido al aire libre y pudiendo nosotros movernos con libertad, -a ningún pensamiento en el cual no celebren una fiesta también los músculos” (2012, p.39). Pero el efecto de una caminata no radica solamente en un ejercicio físico o un mayor aumento de la percepción. El fin último es la ataraxia, disfrutar de la vida a través de la resistencia. Nuestro primer momento de indefinición es rico en tanto que nos permite vivir en un mundo caótico, rico y netamente artístico. Pero finalmente conlleva el riesgo de que si permanecemos en la indefinición nos agotemos. Que finalmente nuestra palabra sea tan indefinida que nadie se reconozca en ella. La indefinición se convierte en un vacío total.

Auto empoderarse significa entonces, anular los fantasmas que perturban al ego y reconocer que pensamos con el cuerpo, es decir, nuestra razón es apenas una herramienta. Por eso con los años uno/a aprende el valor de la salud, el humor y la seriedad en dosis limitadas. Caminar nos permite no perder ninguna oportunidad para reír cuando haya que reír y pensar cuando se tenga que pensar. Lo que nos atañe de la moderación y de pulir los instintos es que la semilla de la muerte equivale, paradójicamente, a cuidar la salud puesto que el cerebro es solo un órgano más.

IV. Nietzsche contra el Estado y la política del resentimiento

Sus reflexiones en torno al individuo como artista o autocreación han motivado una serie de elogios e interrogantes en números círculos anarquistas. Spencer Sunshine escribe que “existieron muchas cosas que atrajeron a los anarquistas a Nietzsche: su odio al estado; su aversión al comportamiento absurdo de las hordas; su anticristianismo; su desconfianza del efecto tanto del mercado como del estado en la producción cultural; su deseo por un Übermensch -eso es; por un nuevo humano que no debía ser ni amo ni esclavo’’(2005, p.01) y su proyecto filosófico (la inversión de todos los valores) insertado en un horizonte de sentido emancipador capaz de contrarrestar la hegemonía marxista, cuya concepción y praxis de lucha de clases de facto instrumentalizan los sentimientos de las personas so pretexto de instaurar un poder social basado en la igualdad.

Este rechazo a los dogmas y las moralidades debilitadoras fue puesto en práctica por Wolfi Landstreicher (1977) al denunciar un ethos empobrecedor que fomenta diversos tipos de conciencia falsa; es decir, una ideología de la desesperación y el miedo que deviene en la aceptación acrítica de programas asistenciales y los roles sociales impuestos por la sociedad de masas y el capitalismo salvaje. Landstreicher acuso a varios sectores del movimiento LGBT o el feminismo de promover movimientos de liberación parciales13 al dar prioridad aquellos valores griegos que Nietzsche calificó como heroicos y pesimistas: el coraje, la dicha y el honor, por motivo de que potencian el despliegue de la autonomía y las singularidades individuales al poner en relieve la edificación de un mundo donde la pasión creativa y la contemplación audaz sean capaces de contrarrestar el influjo de la obediencia y la pasividad.

De manera paralela, filósofos como Georges Bataille, Hakim Bey y Saul Newman han subrayado el hecho de que ’’Nietzsche ve al anarquismo como un veneno, y su raíz es la mala hierba del resentimiento, la política rencorosa de los débiles y miserables, la moral del esclavo’’(2011, p.01), a la luz de que el maniqueo político que hoy día funge como síntoma de la corrosión del sistema mundo capitalista, aparece bajo el concepto nietzscheano de resentimiento como un atributo más del proyecto de la modernidad. Luego, para Nietzsche los/as anarquistas son la expresión más moralista de la política por cuanto están cegados/as por un’’democrático punto de vista de inclusión y participación, y su aparente dominio del campo de la contestación social’’ (Aragorn!, 2014, p.30).

En La genealogía de la moral denuncio que el sistema de valores modernos tuvo su origen en una rebelión de esclavos/as (judíos/as y cristianos/as en su mayoría) que pretendían domesticar las pasiones y el vigor por medio de una cultura inofensiva, mediocre y prudente14 para así ’’equiparar la bondad con la humanidad, la debilidad y la esclavitud’’ (2011, p. 01). Esta irrupción introdujo el espíritu de decaimiento, humillación y resquemor en contravención del paradigma de los valores aristocráticos favorecidos. Así fue como la belleza, la felicidad y el poderío pasaron a ser sinónimo de arrogancia, privilegio y vicio15.

Por consiguiente, detrás de la posición dominante de los/as integrantes del Estado, las familias más ricas, el clérigo y el empresariado se esconde (en forma de altruismo, hipocresía y pudor16) nada más ni nada menos que ‘él peor de los excesos del nihilismo europeo, la muerte de los valores y la creatividad’’ (2011, p. 02). Esta muerte constituye una pérdida de confianza en uno/a mismo/a y ha degenerado a tal punto que el Estado se alzó como un grupo de parásitos que se hacen valer de promesas vacías y amenazas físicas (así como de una eterna pedagogía de la espera) para servirse de nosotros/as, y cuyo objetivo consiste en saciar su sed egoísta a base de sudor, miseria y esfuerzo ajeno. 

Fundamentalmente el Estado’’es frío incluso cuando miente (…) esta es la mentira que se desliza de su boca: yo, el Estado, soy el pueblo” (2005, P. 28). Por tal motivo, constituye una pieza clave en el funcionamiento depredador de la red de la dominación17 criminal al servicio de diversos complejos industriales, instituciones religiosas, mafias, medios de comunicación y monopolios.

La locura del Estado consiste en que, lejos de ser una entidad laica y democrática que salvaguarda nuestros derechos, se trata de un monstruo cuyo principal comercio son la falta de comida y la acumulación de la injusticia, pues ahí donde clava su mirada penetran el dolor, la vileza y la escasez. Del mismo modo, pretende usurpar nuestra autonomía para modelar nuestros deseos y consciencias a su antojo, dado que el/la individuo/a y el Estado “son potencias enemigas, entre las que ninguna paz eterna es posible” (2014, p. 267)18. Tan pronto como las relaciones sociales fueron mediadas por el Estado y el mercado, tuvo lugar un proceso de enajenación social que devino en la institución de la propiedad. Desde entonces, cada uno/a de sus burócratas falla deliberadamente en sus funciones y las fuerzas del orden operan como brazos armados de los distintos grupos capitalistas, debido a lo cual, las metodologías de control neutralizan la insubordinación a partir de la impostura del propio Estado, ya que poco importa si este’’usa medios sangrientos o no sangrientos. El resultado es el mismo: nuestras vidas no nos pertenecen’’ (Willful-disobedience, 2001, p.02).

Con todo, Saul Newman lanza la interrogante de si el anarquismo fórmula una postura política genuina pero filtrada por el resentimiento y afirma que el imperio de los prejuicios generó en Nietzsche una oposición al Estado que, a su vez, es solo un reflejo de su oposición a casi todo: el arte tradicional, la cultura industrial, la iglesia, la institución de la familia, etc. No obstante, a su juicio, el anarquismo de su tiempo era un pensamiento binario y reduccionista que escondía algo de impotencia, habida cuenta de que se trataba de una expresión del resentimiento. ¿De qué forma el anarquismo clásico fomentaba el resentimiento? Para Nietzsche el resentimiento es una sensación que emana de afuera y que modifica nuestra auto imagen a partir de una oposición. El anarquismo, en ese sentido, basa su identidad en la existencia del Estado, al cual considera nocivo por cuanto ejerce dominación política; es decir, tiene la ‘’convicción de que el poder es opresor, explotador y deshumanizador’’ (2011, p.02) y, por tal motivo, lo rechaza a priori en tanto responsable de la rapiña capitalista y la opresión social.

Consiguientemente, establece una tensión dialéctica entre una ley natural y el poder estatal, la cual pervierte la naturaleza humana, esencialmente buena y cooperativa. El Estado aparece entonces como el marco conceptual, por medio de cual, el anarquismo se encasilla en la medida que este’’esencializa el mismo poder al cual se opone’’ (2011, 02). Más aun, de acuerdo con Saul Newman pensadores como Bakunin o Kropotkin reprodujeron el mismo reduccionismo marxista, solo que mientras los primeros veían en el Estado el origen de todos los males, para Marx y Engels la economía jugaba el papel rector en la explotación y deshumanización de las personas. En última instancia, lo que Nietzsche le recrimina al anarquismo es de estar poseído por un’’elemento patológico’’ que lo lleva a necesitar su deprecio por la autoridad estatal- la cual ciertamente’’se manifiesta bajo la forma de convulsión’’ (2014, p. 269)-, como la única forma de sostener su identidad. De ahí que, incluso si la mayoría de las denuncias anarquistas son ciertas19, su rebelión seguiría siendo un fenómeno patológico porque ignora la perdida de los valores aristocráticos y los riesgos de acoger el igualitarismo como valor supremo.

Nietzsche interpreto la igualdad como derivación de una impotencia profundamente maligna y espiritual, sumamente arraigada en nuestro sistema de valores por cuanto es producto de las condiciones socio-históricas que acompañaron la consolidación del Estado como garante del capital como relación social a través del fortalecimiento de la propiedad privada20. Asimismo, veía en la democracia formal y el conjunto del espectro político21, un alarmante signo de fastidio y renunciamiento capaz de transfigurar a las personas a tal punto que devengan en ’’fuerzas inferiores e irreflexivas’’(1983, p.122) por lo que el intelecto, las pasiones y los talentos son mermados por las costumbres y las instituciones que nos demarcan mediante ’’la guerra social que nos mantiene en nuestro sitio’’(2001, p.02) y la relación capital-trabajo asalariado que domina sobre la población, moldeando su psiquis22 sin que puedan ’’poner en tela de juicio la idea fija del Estado’’(2014, p.102).

Nietzsche advirtió que el trabajo enajenante, la silenciosa desesperación y el optimismo mercantilista han disuelto todas las identidades particulares y ha abierto la universalidad al mercado. Por eso la voluntad de poderío apuesta por una protesta por la identidad particular en tensión contra lo establecido. Nuestro sufrimiento tiene mayor sentido cuando se le entiende inscrito en una dimensión universal usurpada. Para Nietzsche el llamado individualismo que promueven el capitalismo y el liberalismo es una idea falsa y, por lo tanto, consideró que un proyecto filosófico de carácter emancipatorio debe ser capaz de liberar al sujeto de la alienación a partir de un proyecto individual libre del dogmatismo, la impotencia, el resentimiento y la tristeza23. Asimismo, entrevió que la postulación de valores absolutos engendra, de manera paradójica, las condiciones para que el/la individuo/a fundamente’’la proyección de sí mismo, de tal manera de que nada se apropia o expropia, sino solamente lo recupera’’ (Matthai, 2010, p.) mediante la acción individual, la cual consiste en un problema ético24 que se opone a la noción de moral, tan fuertemente arraigada en el imaginario social, por cuanto se relaciona más con la religión y los estatutos políticos. Por eso Spinoza interpreto la ética como un conjunto principios fundamentales para el desarrollo de cada individuo/a y el reconocimiento del/la otro/a, respetándose en su diversidad. 

Ante su descontento por las estructuras convencionales -familiares, literarias, políticas y religiosas-, Nietzsche superpone una filosofía que puede ser libertadora, en cierto modo, de la necesidad de encontrar una respuesta que nos redima de la angustia, el cuerpo, la ira, la miseria y las pasiones. Esa es la paradoja: una filosofía emancipadora seria aquella que nos otorga la erradicación de la necesidad de ser salvado/a25. Para Nietzsche una pregunta respondida no es, de ningún modo, la que mejor nos satisface, sino la que permite comprender que las respuestas nunca lograrán ser absolutas o, mejor aún, que no importan en lo absoluto.

¿Porque el pensamiento dogmático o milenarista pretende dar cuenta fenómeno multi causales e históricamente situados?, ¿será acaso una manifestación más de los sentimientos religiosos o, peor aún, una forma de oscurantismo neoliberal? Cualquiera que sea la respuesta, para Nietzsche es claro que la coerción y el sistema penal son instrumentos implementados para reducir a los/as individuos/as mediante un proceso de asimilación forzada. Por ende, una política de la resistencia contra el sometimiento puede adoptar de Nietzsche sus análisis genealógicos sobre la materialidad de la existencia, y según explica el estudio de las dinámicas sociales, la etnicidad de las costumbres y los métodos de producción.

A su vez, la re configuración ontológica de la existencia de la libertad en estado salvaje rechaza la razón instrumental a partir de una crítica del optimismo y el desarrollo tecnológico, deviniendo en una síntesis nihilísticamente comunista por cuanto combina la praxis individual basada en el egoísmo con la articulación de relaciones comunitarias26, las cuales nos invitan a sentir-pensar la resistencia en virtud del apoyo mutuo y la capacidad de construir presentes dignos a través del cuidado cotidiano de la vida y la negación contra el cautiverio, la domesticación y la tristeza.

El anarquismo contemporáneo reconoce el nihilismo como aquella filosofía política que niega las bases ideológicas de este mundo por medio de la autonomía individual y la asociación voluntaria en tanto medios para abrirse camino en una vida cotidiana sujeta a la dominación y las supersticiones. Por consiguiente, propone una actividad teórica y práctica que requiere de todas nuestras fuerzas para sobreponernos ante el capitalismo y el sistema de valores modernos, ya que, de lo contrario, ahí “donde no hay voluntad de dominio, hay degeneración”(2017, p.15) en medio de un panorama alienante y sombrío.

Asimismo, reconoce que solo los gobiernos y las grandes empresas se benefician de las múltiples crisis y los sentimientos de miedo e incertidumbre que estas provocan, por cuanto perpetúan sus operaciones a base de un Estado de excepción permanente (Agamben, 2020) que pretende dar sentido de la degradación al suministrar todo tipo de imágenes publicitarias para desmembrar el tejido social, así como para anular “la sensación que experimentamos cuando la potencia crece, cuando nos percatamos de haber superado una resistencia”(2017, p.12).

Los grupos capitalistas de todas las latitudes imponen, a través del Estado, una lógica de servidumbre y sumisión’’fundada en una concepción metafísica, falsa y perjudicial (Öcalan, p.276) ya que promueven lazos comunitarios basados en el sedentarismo y el sometimiento del individuo ante una entidad abstracta que le solicita sacrificar sus deseos y necesidades por la insaciable acumulación del capital. Por lo tanto, el capitalismo puede ser entendido como una colectividad basada en el libre mercado: “De cada [trabajador] según su capacidad, a cada [capitalista] según su necesidad”(Ludd, 2013, p.04). En suma, frente a la hostilidad a la vida practicada por el Estado, el mercado y la religión, Nietzsche propone que la vía para superar el resentimiento consiste en reconocer la inferioridad (ética, física e intelectual) de aquellos/as que se presentan así mismos/as como superiores/as por cuanto sustentan la dominación política y los medios de producción.

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1)Aforismo 57 de El Anticristo:  ’’¿Qué es lo malo? Ya he dicho. Todo aquello que tiene por origen la debilidad, la envidia, la venganza’’ (2017, p.98).

2) Aforismo 5 de El anticristo: ‘’El cristianismo ha tomado partido de todo lo débil (…) idealizando al que se opone a los instintos(…) de conservación de la vida fuerte, y que ha estropeado la razón misma(…) enseñando que los valores superiores de la inteligencia no son más que pecados, extravíos y tentaciones”(2017, p.14).

3) Aforismo 24 de Mas allá del bien y del mal: ”El lenguaje no puede ir más a allá de su torpeza y continua de contrastes cuando no hay más que grados y sutilezas de matices. Además, la tartuferia moral que ya se ha incorporado para siempre en nuestra carne y a nuestra sangre, nos revuelve las palabras de la boca” (2016, p. 25).

4) ’’Por supuesto que para que la energía desarrolle su funcionalidad hacen falta estructuras materiales. Hasta la vitalidad está relacionada con ciertos ámbitos y estructuras materiales desarrolladas. No se puede pensar en la vitalidad sin una estructura material. Puede incluso existir, aunque nosotros no la conozcamos. Si lo generalizamos, las estructuras materiales más desarrolladas equivaldrían a las funcionalidades más desarrolladas’’ (Öcalan, p.278).

5) ’’Con la herida aumentan los ánimos y se rebustece la fuerza’’ (2004, p.37).

6) Aforismo 13 de Aurora: ’’Colaborad en una obra provechosa(…) apoyad a extirpar del mundo la idea del castigo, que por todas partes le invade. Esta es la más peligrosa de las más malas hierbas. Se ha introducido esta idea no solo en las consecuencias de nuestra conducta.(…) Se ha llevado la locura hasta el punto de ver en la existencia misma un castigo’’ (1981, p.15).

7) Entre cuyos miembros destacan Bruno Bauer, Friedrich Engels y Arnold Ruge.

8) Aforismo 40 de La gaya ciencia: ‘’La así llamada cultura industrial es, en general, la forma más vulgar de existencia habida hasta ahora. Aquí opera simplemente la ley de la penuria: uno quiere vivir y tiene que venderse, pero se desprecia al que explota esta penuria y compra para sí al trabajador. Es raro el sometimiento a personas terribles, poderosas, que infunden temor, como lo son todos los grandes de la industria: corrientemente el trabajador ve en el empresario sólo a un perro astuto, explotador que especula con todas las penurias del hombre, cuyo nombre, figura, costumbres y reputación le son completamente indiferentes’’ (2019, p.58).

9)  ’’(…) Dios es la verdad. No reconocer más que las esencias, es lo propio de la religión; su reino es un reino de esencias, de fantasmas, de aparecidos’’ (2014, p. 98).

10) ‘’La moralidad, bajo su primera y más ininteligible forma, se presenta como hábito (…) no tienen más que atenerse a las viejas usanzas, a las viejas costumbres, y odiar toda innovación (…) la innovación es (…) la enemiga mortal del hábito, de la tradición y de la rutina’’ (2014, P. 126).

11) ’’Pero la inversión de todos los valores, ella en sí, no tiene valor. Se sustrae a la evaluación. Es con toda certeza la vida misma contra la nada, sólo que como Nietzsche lo diría en El crepúsculo de los ídolos, y se trata de un axioma decisivo: El valor de la vida no podría ser evaluado’’ (1998, p.02).

12) Cabe destacar el aforismo 215 de La Gaya ciencia, el cual lleva por título ‘’ideal y materia’’: ‘’Tienes ante ti un ideal noble, ¿pero estás tú hecho de una piedra lo bastante noble como para que pueda esculpirse en ella esa imagen divina? Y, además, ¿todo tu trabajo no consiste más que en una bárbara escultura, en una profanación de tu ideal?’’. (2019, p.147).

13) ’’Al aceptar la ideología de la victimización (…) elegimos vivir con miedo. (…) El miedo a una amenaza real, inmediata e identificada (…) puede motivar una acción inteligente para erradicarla, pero el miedo creado por la ideología de la victimización, no lo permite (…) acaba convirtiéndose en un clima de miedo, sospecha y paranoia, que logran parecer las mediaciones (que son la red de control social) algo necesario e incluso bueno’’ (1977, p. 05).

14) Aforismo 11 de La genealogía de la moral:  ’’El sentido de toda cultura es precisamente domesticar la fiera humana, para hacer de ella, por medio de la educación, un animal doméstico y civilizado’’ (2016, p.216).

15) ’’No tenemos más que preguntar lo que es en realidad lo malo en el sentido de la moral del resentimiento. La respuesta rigurosamente exacta hela aquí: este malo es precisamente lo bueno de la otra moral, es la aristocracia, el poderoso, el dominador, pero ennegrecido, visto y mirado al revés por la mirada venenosa del resentimiento’’(2016, p. 214).

16) Aforismo 64 de Ecce homo: ’’la condición de existencia de los buenos es la mentira (…) nunca dicen la verdad; enseñan falsas artes y falsas certidumbres (…)’’(2012, p.95).

17) Ver: Landstreicher, W. (2004). La red de la dominación: Análisis anarquista de las instituciones, estructuras y sistemas de dominación y explotación, para ser debatidos, desarrollados y usados en la práctica. 2012, de Sembrando Tormentas Ediciones. Sitio web:https://es.theanarchistlibrary.org/library/wolfi-landstreicher-la-red-de-la-dominacion.

18) Continua Stirner: ’’Los Estados no pueden subsistir sino a condición de que haya una voluntad soberana, considerada como expresión de la voluntad individual.(…) El Estado no puede renunciar a la pretensión de reinar sobre la voluntad del individuo.(…)Le es absolutamente indispensable que ninguno tenga voluntad propia; al que tuviese, el Estado se vería obligado a excluirlo.(…) No se puede concebir el Estado sin la dominación y la servidumbre, porque el Estado debe querer necesariamente ser el dueño de todos sus miembros; y esta voluntad lleva el nombre de ’’voluntad del Estado’’(2014, p. 267).

19) ”(…) el estado es (…) una herramienta (…) para proteger la propiedad y para repartir la apropiación organizada de los excedentes a los propietarios; es decir que es la propiedad organizada en función de la posesión de los excedentes. Y para todo esto (…) se necesitaban grandes ejércitos, burocracias, armas y herramientas de legitimación, y por eso se inventaron la ciencia, las utopías, la filosofía, las artes, el Derecho, la ética y las religiones dependientes del Estado, categorías todas ellas cuya función social y lazos con la vida libre fueron destruidos por una metafísica sin sentido’’(Öcalan, p.276-277).

20) ’’Como cualquier capitalista, el Estado entrega un servicio a cambio de un determinado precio. O más precisamente, el Estado provee dos servicios completamente relacionados: protección de la propiedad y paz social. Ofrece protección a la propiedad privada mediante un sistema de leyes que la precisan y limitan, y por medio de la fuerza de las armas, por las cuales tales leyes son impuestas’’ (Landstreicher, 2004, p.4-5).

21) ’’Casi todos los partidos han comprendido que para seguir existiendo les interesa que el partido opuesto no pierda fuerza, lo mismo cabe decir de la gran política’’(2004, p. 65).

22)  ’’El remordimiento es el estado enfermizo que se apodera del hombre bajo presión del cambio más profundo que se ha realizado desde que el hombre se encontró definitivamente en una sociedad pacificada(…) cuando el Estado se organizó, no por el contrato social(…) sino por un reinado de presión terrible contra( …) los instintos libertad’’ (Brandes, 2008, p.52).

23)  ’’Dicha rebelión está de hecho propulsada, en parte por la rabia, pero no por el resentimiento estridente(…) Es más bien la rabia de nuestros deseos desencadenados, el retorno de l@s oprimid@s con plena fuerza y sin disfrazar. Pero esencialmente, la revuelta total se alimenta de un espíritu de juego libre (…) por un deseo de explorar todas las posibilidades para la vida intensa que la sociedad trata de negarnos’’(1977, p.07).

24) ’’El mundo, en la medida en que soy parte de este, también se está disolviendo. Este construir/destruir es mi expresión de un sentimiento que vive en algún lugar entre la ética protestante del trabajo, la voluntad de infligirle anarquía al mundo, y una actitud en contra de los proyectos del Hombre’’(Aragorn!, 2016, p.01).

25)’’No puedo, sin embargo, sino por la carne, sacudir la tiranía del espíritu, porque sólo cuando un hombre comprende también su carne se comprende enteramente (…)’’ (2014, p. 121).

26)’’Tenemos que formar una sociedad, sí, pero de individuos. (…) Incluso Stirner hablaba de una comunidad de egoístas’’ (Matthai, 2010, p. 16).

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