La jornada de protestas de Bielorrusia: Revolución en un país post-colonial [Entrevista]

Entrevista y nota por Arnoldo Diaz

Queda claro que el 2019 abrió un nuevo ciclo de revueltas en el mundo. El Covid-19 no fue capaz de frenar ni la rebelión, ni la represión. Hoy volteamos a ver un nuevo proceso cuya peculiaridades nos impulsó a saber de primera mano qué era lo que estaba pasando. Entrevistamos a nuestro viejo amigo Mikalai Dziadok, politólogo y anarquista, para adentrarnos en la revolución en Bielorrusia.

En el 2017 este sitio estaba en proceso de formación, en dicho proceso desarrollamos una serie de artículos sobre la historia de la URSS -con interpretaciones que hoy reconozco pudieron ser mejores. La última parte de esta serie buscaba mostrar la realidad de los países post-soviéticos, y para ello entrevistamos al compañero Mikalai. Haremos referencia a este artículo para comprender el contexto en el que se da este proceso.

Antes de continuar es necesario aclarar que cuando hablamos de revolución en Bielorrusia nos referimos explícitamente a una revolución política. Estas fueron las palabras que utilizó Mikalai. Pero por la información que aquí mostraremos, creemos que este es un proceso interesante que puede dar resultados más allá del cambio de régimen; pero por ahora ese es el objetivo del movimiento y seguramente lo alcanzarán. 

Las chispas

Bielorrusia es un país post-colonial del este de Europa. A finales del siglo XVIII Catalina II de Rusia adquirió los territorios bielorrusos que estaban divididos entre Austria y Prusia. Con la caída del zar, los bielorrusos proclamaron su independencia y la creación de la República Popular de Bielorrusia, la cual fue derrotada por el ejército rojo para crear la República Socialista Soviética Bielorrusia. 

Durante el periodo soviético se impulsaron políticas colonialistas, la principal manifestación de esto es la pérdida del idioma bielorruso ante la institucionalización del ruso como idioma oficial en las escuelas y en los medios de comunicación. Los primeros años tras la caída de la URSS fueron de caos y miseria, hasta que en 1994 Aleksandr Lukashenko retomó algunas de las medidas soviéticas, trayendo un poco de estabilidad al país.

Esto le permitió enraizarse en el poder, controlando la simulación de las elecciones, monopolizando los medios de producción para él, su familia y sus aliados; manteniendo una subordinación y dependencia para con la economía Rusa; y por supuesto, desplegando un aparato policíaco lo suficientemente grande para mantener a miles de personas encarceladas solamente por protestar. 

Mikalai identifica que desde el 2016 se ha venido presentando un fenómeno de bola de nieve: los salarios bajan, hay desempleo y falta de oportunidades, la gente migra de manera masiva. Ante sus ojos, la sociedad en Bielorrusia está cambiando mientras que el Estado se mantiene en el pasado, trasladando las políticas coloniales soviéticas a un contexto de globalización. No intentamos ver aquí cual es mejor, solo relatamos lo que nuestro entrevistado nos comentó… cabe aclarar.

Un nuevo sentimiento de nación ha crecido desde entonces, en sus palabras, “el odio hacia Lukashenko nos hizo nación”. Ese odio llevó a que en las últimas elecciones, la mayoría de la población eligiera a una nueva presidenta; cosa que el dictador no permitió. Esto llevó a que entre el 9 y el 11 de agosto del 2020 la gente saliera de manera masiva a las calles, el gobierno respondió con represión lo que dejó un aproximado de 7000 personas encarceladas, cientos de personas torturadas, 2 muertos y 7 personas desaparecidas que se teme estén muertas ya.

La magnitud de la represión corresponde también al nivel de organización en el que se encuentra Bielorrusia. Como ya se mencionó, el resultado directo seguramente será la democracia liberal. Sin embargo, lo que pasa en Bielorrusia tiene características que lo diferencian del resto de las revueltas en las naciones post soviéticas. Esa diferencia es la organización desde abajo

Detrás de la realpolitik 

Existen tres fuerzas formales que reclaman el poder en Bielorrusia, Lukashenko y la vieja administración soviética apoyada por Putin; la candidata Sveltana Tijanóvskaya que reclama ser la líder nacional de la oposición; y el Consejo Rada, derrocado por Lenin, el gobierno en el exilio más viejo del mundo. 

Pero ante los ojos de Mikalai, ninguno de estos tiene un peso real sobre los manifestantes. En realidad las protestas han sido espontáneas y descentralizadas. Esto incluye manifestaciones pacífica al estilo ciudadano hasta huelgas en la mayoría de las empresas del Estado -que son una enorme mayoría. 

Entre el 12 y el 16 de agosto 80 industrias empezaron huelgas de diversas duraciones según sus capacidades. Hasta el día de la entrevista solo BELARUSKALI (productores de cloruro de potasio, utilizado en fertilizantes) continuaba en huelga. Actualmente el movimiento se está reconstruyendo, la experiencia es ya histórica, convirtiéndose en el movimiento huelguístico más grande en la historia de este país.

No solo nos referimos a la magnitud para darle la categoría de histórico, sino lo que ha dejado a su paso. La organización espontánea y descentralizada para las demostraciones públicas, así como la creación y extensión de las redes solidarias. Para Mikalai esta es la gran diferencia, es lo que hace que sea necesario voltear a ver el conflicto en su país.

Algunos ejemplos que nos ofreció el compañero es por ejemplo la creación de grupos de apoyo para quienes se enfrentaron a las fuerzas policiacas, ayuda económica y legal para presxs, apoyo psicológico a las víctimas de la violencia policiaca. Incluso nos mencionó de un grupo de mujeres que dan tratamientos de belleza y autocuidado a las mujeres que fueron violentadas en las protestas y en las cárceles. 

Pero ¿Quién está detrás de las protestas? ¿Hay alguna ideología predominante en el movimiento? La respuesta fue categórica: no. No existe ninguna fuerza política que se pueda adjudicar la “guía” del movimiento, incluyendo a las fuerzas revolucionarias. Según Mikalai, en Bielorrusia no existía marxismo organizado fuera del régimen, sin embargo, en estas jornadas se han creado grupos que buscaron integrarse a las luchas obreras pero normalmente sin éxito al ser juzgados de inmovilistas. 

Los anarquistas han participado desde el principio, en 2016 eran la única fuerza que se oponía públicamente al régimen desde dentro (hay una enorme cantidad de bielorrusos exiliados), hoy se encuentran inmersos en la lucha, participando en las organizaciones solidarias y poniendo a disposición de los manifestantes los servicios que han desarrollado de manera autogestiva, por ejemplo, una imprenta cooperativa que durante tres días de protestas imprimió 50.000 folletos de manera gratuita.

Tras las jornadas de principios de agosto, los anarquistas han participado cada vez más en las demostraciones públicas, al principio sin hacer apología a la ideología y sin usar sus banderas. Esto ha ido cambiando poco a poco, principalmente porque las ideas básicas del anarquismo como el apoyo mutuo y la descentralización de la protesta estuvieron presentes desde el principio. La gente acepta el discurso anarquista porque ahora le parece más cercano.

Finalmente, hay que tener en claro que esto no es un movimiento que se limite a la capital, Minsk, sino que se extendió al resto de las zonas urbanas del país, donde los enfrentamientos y las huelgas se hicieron presentes. En el resto del territorio, hasta en la más pequeña villa se organizaron protestas, colectas para apoyar a las personas detenidas, comunicados en rechazo de la represión. 

La revolución en Bielorrusia

Volvemos a aclarar que esta es una revolución que busca un cambio de régimen, esto no hay que dudarlo. Pero reiteramos que el caso bielorruso se distingue por la extensión de la revuelta y de las redes solidarias que se han creado con esta. Cada experiencia revolucionaria lleva en sí misma un germen del mundo que queremos construir, por ello nos pareció pertinente la realización de esta entrevista. 

El nivel de organización, en la opinión de Mikalai, es lo suficientemente grande para impulsar un proceso más allá. La gente ya lleva a la práctica las principales tácticas e ideas del anarquismo en la lucha constante contra el régimen. Hasta hoy se realizan protestas pacíficas diarias exigiendo el aumento de los salarios, la libertad de los presos políticos y por supuesto la renuncia de Lukashenko.

No nos queda más que observar el proceso y aprender tanto de sus errores como de sus aciertos. Mientras tanto, como anarquistas o revolucionarixs fuera de Bielorrusia, debemos denunciar el desarrollo de un Estado policíaco tan represivo y autoritario como cualquier régimen del occidente capitalista. También es nuestro deber voltear a ver la complejidad de los procesos para evitar descalificaciones sin sentido y exaltaciones ociosas. 

*Nota aclaratoria: En Antihistoria no hacemos públicas las entrevistas que nos mandan los compañeros para evitar el uso inadecuado de las mismas, así como por seguridad.

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