Construyendo la hegemonía cultural en Monterrey (1890-1930)

Por Arnoldo Diaz*

Estamos conscientes de que existe la influencia de un grupo selecto de familias en el desarrollo del capitalismo en Monterrey -ciudad al noreste de México y una de las más grandes del país- y que no se limita a lo político-económico. Sabemos que existe una especie de identidad regiomontana, pero aún no hemos explorado en los aspectos profundos de ésta. La manera en que se crea, se transmite, se adapta, etc., sigue siendo un campo desatendido –con excelentes excepciones- en las ciencias sociales que se producen sobre la ciudad.

Es por esto que considero necesario hacer un pequeño recorrido por los distintos cambios en el control de una clase social que se posiciona por encima de otra dentro de la ciudad. Recorrido que no pretende abarcar la totalidad de la cuestión, sino ubicar el papel de la élite regiomontana en la cultura hegemónica de la localidad como un tema rico en su estudio y aun así muy descuidado.

Consolidación de la cultura hegemónica: La élite regiomontana durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana

Las políticas económicas liberales del periodo porfirista, como la exención de impuestos, ayudaron a que la burguesía regiomontana se consolide y comience su proyecto industrial. Y dentro de las características de este auge industrial encontramos al paternalismo, concepto que Michael Snodgrass comprende como un sistema institucionalizado de relaciones industriales que pretendía extender las prestaciones no salariales… y crear una cultura corporativa identificable entre los operarios de las fábricas[1], pero consideramos que el paternalismo va un poco más allá de esta definición.

            Lo que solemos llamar paternalismo es en realidad el origen mismo de la clase obrera, resultado de los impulsos a la migración hacia la ciudad y la creación de un nuevo tipo de organización obrera. Las mutualidades en la ciudad no fueron capaces de evolucionar a sindicatos, por lo que antes de formarse un sindicato entre los trabajadores, se formó, por ejemplo, la Sociedad Cooperativa y de Ahorros de la Cervecería Cuauhtémoc la cual se propone:

Procurar el desarrollo integral del trabajador y mejorar su régimen de vida personal y familiar, en lo económico y en lo social. Todo ello a través de la superación de su nivel cultural y del fortalecimiento de los valores morales de la familia y de las instituciones, complementados con actividades que permitan fomentar sus aficiones artísticas y deportivas, así como el aprendizaje de oficios diversos[2].

Dicho proceso se convierte en el modelo de la Cervecería Cuauhtémoc irá creciendo cada vez más, siendo reproducido de igual manera por el resto de las grandes industrias locales. La oferta que esta empresa da a los trabajadores y a sus hijos para aprender la cultura y habilidades requeridas en el trabajo hace que durante los últimos años del Porfiriato se consolide una clase obrera especializada y organizada dentro de los límites de la empresa.

            A principio del siglo XX, México inaugura la etapa de revoluciones a nivel global con la Revolución Mexicana y en Monterrey la posición de la élite local durante los primeros años del conflicto fue simplemente apoyar al ganador. Durante 1910-11 apoyaron el régimen de Porfirio Díaz, pero al llegar Madero al poder decidieron apoyarlo a él. Desde la muerte de Madero en 1913 hasta la definitiva llegada al poder de Venustiano Carranza en 1916, el mercado nacional estaba en ruinas y la vida cotidiana se encontraba en la pobreza extrema; los empresarios intentaron reconstruir sus industrias con una completa desconfianza en el Estado pero con un proyecto que le aseguraba mantener el control de su clase obrera[3].

            Por otra parte, uno de los movimientos más grandes dentro de la coyuntura revolucionaria en nuestra ciudad se da precisamente en la Cervecería Cuauhtémoc en 1915, donde los empleados solicitaron […] aumento en sus jornales en virtud del creciente incremento en la valía de los productos de primera necesidad; además de externar su inconformidad sobre la adición del 40% en las percepciones de algunos empleados y jefes de departamentos[4].

            Debido a su magnitud, esta es una de las huelgas más recordadas dentro del periodo revolucionario, la cual finaliza al año siguiente con el aumento del 50% sobre la remuneración ordinaria y el reconocimiento del 40% como aumento y no como gratificación, se estableció el mínimo jornal en dos pesos[5]. Pero este triunfo, aunque importante para las condiciones de vida, no rompe el control de una clase sobre otro, sino que lo va haciendo soportable.

            Para Laclau todos participamos en numerosos sistemas de creencias y, sin embargo, ningún antagonismo surge de estas contradicciones. La contradicción no implica, pues, necesariamente, una relación antagónica[6]. Los movimientos obreros no implican un rompimiento con la cultura impuesta por la élite, son respuesta al reacomodo económico del capitalismo global, provocados tanto por la Revolución Mexicana como por la Primera Guerra Mundial.

            Por lo que la hegemonía del renovado empresariado regio no se ve afectada en la coyuntura revolucionaria. La élite de valores porfiristas no cambia después de la Revolución. Aunque ésta y los movimientos obreros sacuden la estabilidad del proyecto empresarial, terminado el proceso armado se reafirma y perfecciona el sistema paternalista.

El discurso paternalista: La Sociedad Cooperativa y de Ahorros

Sin duda la Cervecería Cuauhtémoc se convierte en el ejemplo a seguir para el resto de las empresas regionales, por lo que debemos concentrarnos en ella para comprender el proceso que intentamos analizar. Para ello, el concepto clave de la hegemonía empresarial es el ahorro, ya que es un valor ampliamente difundido por los voceros de la empresa, sobre todo después de la Revolución Mexicana.

            El papel del ahorro dentro de la ideología que se quiere transmitir a los obreros se deja  ver en esta editorial del periódico dominical de la empresa, Trabajo y Ahorro:

Siguiendo la conducta que aconseja nuestra Sociedad, y que es ahorrar lo más que podamos, y después conservar nuestros ahorros, a toda costa, es indudable que alcanzaremos el triunfo que todos deseamos en la vida, porque el hombre así preparado lleva, por decirlo así, una coraza para resistir todos los golpes de la adversidad.

La idea del ahorro se convierte prácticamente en un mandamiento religioso, así como el hombre que ahorra tiene una coraza, por así decirlo “bendiciones”, también existen aquellos quienes tienen “maldiciones”, así como la misma fuente continúa:

Pero si desoímos estas razones, tan bien meditadas, y no atendemos a los consejos que oímos diariamente en la Cooperativa, nos precipitaremos en el fracaso de manera indubitable. Porque en la práctica lo hemos palpado, y tenemos ejemplos muy conocidos y bien marcados en nuestras filas.[7]

Este tipo de retórica que convierte un concepto económico en un postulado casi religioso puede tener su explicación en la influencia de la Iglesia católica en el concepto mismo del paternalismo estudiado por Snodgrass, pero es también un indicio de la creación de una nueva cultura, ya que todas las culturas son religiosas y toda neurosis es una forma particular de religión, siempre que entendamos el intento de resolver el problema de la existencia humana[8]. La religión es el ahorro, la existencia humana es la satisfacción material de las necesidades individuales, familiares y colectivas.

Consideraciones finales

A grandes rasgos, esta es la manera en la que la élite regiomontana construyó lo que definimos como bloque histórico, es decir un espacio social y político relativamente unificado a través de la institución de puntos nodales y de la constitución de identidades tendencialmente relacionales[9] las cuales no producen una sociedad homogénea, sino al contrario, se crean múltiples contradicciones discursivas, pero que no ponen entre dicho la cultura hegemónica establecida.

Sin duda Monterrey es la capital industrial de México y no es gratuito, esto se logra gracias a la consolidación de la burguesía como clase, pero aún con las inversiones, las disputas políticas o cualquier otro aspecto superficial de la historia, nada de esto hubiera sido posible sin el proyecto paternalista de la Cervecería Cuauhtémoc y la réplica de este modelo en el resto de las grandes industrias de la ciudad. La creación de una cultura hegemónica -a través de diversos métodos de dominación- es la verdadera clave del triunfo del capitalismo en Monterrey.

Referencias y Bibliografía

[1] Snodgrass, Deferencia, 2008, p. 12

[2]Guijosa e Hinojosa, Cien años, 1990, p. 44

[3] Idem

[4] Treviño, “Luchas”, 2011, p. 8

[5] Idem

[6] Laclau, Hegemonía, 1986, p. 144

[7] Trabajo y Ahorro, enero 12, 1929

[8] Fromm, Psicoanálisis, 2013, p. 32

[9] Laclau, Hegemonía, p. 157

Fromm, Erich, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. México, Fondo de Cultura Económica, 2013.

Guijosa, Vicente, Javier Hinojosa, Cien años son un buen principio. Monterrey, Cervecería Cuauhtémoc, S.A. de C.V, 1990.

Laclau, Ernesto, Chantal Mauffe, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Madrid, Siglo XXI, 1986

Trabajo y Ahorro, Revista semanal de la Sociedad Cooperativa y de Ahorros, consultado en el Archivo General del Estado de Nuevo León

Treviño, Mario, “Luchas obreras en Nuevo León durante la Revolución Mexicana (1915-1917)”, Actas, Revista de historia de la Universidad Autónoma de Nuevo León, UANL, núm. 8, julio-diciembre de 2011, pp. 4-11.

Snodgrass, Michael, Deferencia y desafío en Monterrey. Trabajadores, paternalismo y revolución en México 1890-1950. Monterrey, Fondo Editorial de Nuevo León. 2008

*Originalmente publicado en La Quincena n°146 2015. Algunas cosas han sido modificadas y agregadas para dar una visión más clara y actualizada de esta visión hacia la historia de mi ciudad.

**Fotografía de la familia de Isaac Garza, uno de los fundadores de la Cervecería Cuauhtémoc.

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