Por la sangre se enriquecen algunos: la necropolítica y el gran capital en México [Parte 2]

Por Mario Leyva

La diversificación de la violencia y la defensa de los mercados

Dentro de la reciente historia de la nación mexicana, la última mitad del siglo XX con su guerra al comunismo y la subversión, representa para el imaginario popular una época de la guerra sucia y las masacres estudiantiles, de vuelos de la muerte, de atentados secuestros y guerrilla, a la par que el Estado conformaba escuadrones de la muerte, paramilitares, policías políticas y aumentaba la represión, se gestaba a la par de estas actividades políticas un lucrativo negocio, que en un futuro no muy lejano de aquellas épocas convulsas, pasaría a formar parte de un enemigo más formidable que el comunismo, pues pasó a llenar los huecos sociales que el olvido estatal dejaba.

El crimen organizado, el que nació, se desarrolló y enquistó a la sombra de la dictadura priista, y que fue la excusa perfecta para el endurecimiento del fascismo mediante la militarización del país y el desencadenamiento de la violencia brutal como la conocemos hoy, bajo el auspicio de Vicente Fox y Felipe Calderón del PAN, y con la misma medida por parte del Enrique Peña Nieto. Sin embargo se ha comprobado que el gobierno y el crimen organizado, están íntimamente ligados en la guerra contra el pueblo, ejemplo de eso es Ayotzinapa y sus 43 desaparecidos, hecho en donde se evidenció el grado de colaboración entre el Estado y los criminales.

Simbionte del Estado y parte del capitalismo salvaje, el crimen organizado es un fenómeno que tiene muchas facetas, la económica, la cultural , la política y que a su vez evidencia la estrategia de su combate como una herramienta de control . Sin embargo en este apartado de este ensayo se hablara de la violencia desatada por la guerra entre criminales, las ganancias de sus organizaciones, el conturbenio con empresas trasnacionales y el apoyo al Estado mexicano, en un contexto donde las ganancias son exorbitantes y los sacrificios altos y el pueblo es quien paga por una guerra simulada, una guerra de ocupación.

Dentro de este estado de sitio se desarrolla la fragmentación de los grandes cárteles en células que se benefician de la derrama económica  lo que Guattari y Deleuze llamaron: “Maquinas de Guerra” y M´bembe[1] denominó también “gobierno privado indirecto”, dentro del contexto de nuda vida[2],  como parte de la necropolítica que deviene en violencia generalizada pues en muchos casos se da la respuesta social mediante las autodefensas, linchamientos y policías comunitarias, guerrillas y saboteadores, lo que devendría en el incremento de la violencia social y política siendo un riesgo para la gobernabilidad que ejerce el grupo criminal-empresarial-político sobre la población.[3]

Para el caso de las  maquinas de guerra:

“Estas máquinas se componen de facciones de hombres armados que se escinden o se fusionan según su tarea y circunstancias. Organizaciones difusas y polimorfas, las máquinas de guerra se caracterizan por su capacidad para la metamorfosis. Su relación con el espacio es móvil. Algunas veces mantienen relaciones complejas con las formas estatales (que pueden ir de Ia autonomía a la incorporación).

El Estado puede, por sí mismo, transformarse en una máquina de guerra. Puede, por otra parte, apropiarse para sí de una máquina de guerra ya existente, o ayudar a crear una. Las máquinas de guerra funcionan tomando prestado de los ejércitos habituales, aunque incorporan nuevos elementos bien adaptados al principio de segmentación y de desterritorialización. Los ejércitos habituales, por su parte, pueden apropiarse fácilmente de ciertas características de las máquinas de guerra.” (M´bembe, 2006:59).

El ejemplo más brutal del actuar de estas máquinas de guerra, se encuentra en las zonas de inestabilidad política de diferentes regiones del mundo, pues también se constituyen como garantes de las inversiones del capital trasnacional de las empresas en los espacios donde trabajan y generan conflictos socioambientales que conllevan extractivismo y desplazamiento forzado, sin embargo el papel de estos va más allá, pues deben asegurar territorios, bases sociales, rutas, producción, almacenamiento, etc.,  que los productos del crimen organizado comercian, a la vez que se imponen mediante el terror.

En el caso mexicano, las maquinas de guerra son los comandos de sicarios que se enfrentan con otros sicarios, que expulsan personas de sus tierras, que asesinan, desaparecen y torturan rivales e inocentes, aliandose con empresarios y gobiernos en un fenómeno de guerra que incentiva la violencia social degenerando en el aumento y la difusión de una cultura de los asesinatos, los feminicidios, la crueldad animal, la destrucción ambiental, el recrudeciemiento de las condiciones de los mercados laborales y las condiciones de conflictos sociales propiciados por el hartazgo, así como la normalización ideológica de la violencia.

Los Carteles del crimen organizado.

Dentro del fenómeno de violencia que estamos viviendo actualmente, el combate al crimen organizado es el que más ha moldeado a la sociedad en los últimos años, por la brutalidad desatada, por las historias de horror, por el espectáculo de cuerpos desmembrados, cabezas cortadas, colgados en puentes y ejecutados, así como por la corrupción gubernamental y por los crímenes de lesa humanidad en donde la bonanza económica se ensucia con la sangre derramada.

Sin embargo para conocer a este producto de las sociedades capitalistas donde el interés económico está por encima de la vida, es necesario remitirnos a su significado, su historia y su actual combate como estrategia fallida.

El crimen.

“Desde el punto de vista del derecho, el crimen es una conducta, una acción o una omisión tipificada por la ley que resulta antijurídica y punible. Un crimen, por lo tanto, viola el derecho penal. El concepto está vinculado al de delito, aunque esta palabra (del latín delinquere) tiene un origen etimológico que remite a “abandonar” el camino establecido por la ley. Delito, por lo tanto, suele usarse en un sentido genérico y crimen se reserva para hacer referencia a un delito de gravedad o a un delito ofensivo contra las personas.” (Definicion.de, 2017)

Este concepto es en el aspecto occidental del derecho, sin embargo al referirse contra las personas, puede expandirse contra comunidades y culturas, es lo que nos interesó de esta definición pues si bien el crimen es una actividad “antisocial”, es cierto que en el ámbito económico y político el crimen también es usado como una industria de la corrupción, así como parte del mercado internacional[4], que no está regulado por las leyes o es perseguido, por lo que se convierte en ilegal, generando no solo un impacto jurídico y político de su combate, sino que se supera ese combate para que las instituciones se alíen a él por la derrama económica que conlleva  la actividad ilegal, de allí la tragedia del Estado criminal mexicano, pues es simbionte con quien debiera combatir, y lo hace pero en un escenario grotesco de una decadencia institucional permeada por el dinero de la corrupción y violencia.[5]

Crimen organizado.

Dentro del fenómeno socioeconómico que denominamos mercado existen diferentes regulaciones de ciertos productos o actividades, las cuales son explotadas por el sistema capitalista en pro de atender las necesidades del flujo continuo de recursos financieros al espiral económico y a la cultura que lo sustenta , la cual se yergue a su vez en leyes y normas para garantizar al sistema que la sociedad que lo sostiene continúe con las actividades necesarias para reproducir y corporizar al capital. Esto sin embargo incluye también el combate a ciertas actividades consideradas ilícitas según la cultura hegemónica y las cuales van cambiando a lo largo del tiempo, pues las tradiciones, costumbres y formas de entendimiento son reguladas por el Derecho, la noción y concepción de normar y moldear a las sociedades mediante una cultura jurídica que permea las relaciones la educación, la moral, la ética , la forma de ver el mundo y se transforma en una gubernamentalidad necesaria para la continuación del capitalismo.

Dentro de la historia del crimen organizado en nuestro país, la condición geopolítica está en contra, por eso las palabras del dictador Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos”, pues los más de 2 mil kilómetros de frontera compartida por la primera potencia del mundo y un país en vías de desarrollo es una frontera violenta de contrastes entre niveles de vida, entre una diferencia de culturas, que a pesar de la codependencia entre ellas, la hegemonía anglosajona se ha impuesto y aprovechado de la torturada historia mexicana, sin embargo al ser el vecino drogadicto, los carteles se aprovechan de las armas enviadas desde el norte del Bravo, así la derrama económica no solo trae sufrimiento sino un negocio donde el Estado no combate al crimen , sino que se funde con él:

“Cada año, entran y salen de México flujos de dinero ilícito por alrededor de 150 mil millones de dólares. Principalmente son seis delitos los que alimentan este trasiego multimillonario de recursos: narcotráfico, venta ilegal de armas, contrabando, evasión fiscal, facturación fiscal fraudulenta y robo de recursos públicos. Lo anterior se revela en la carpeta informativa Estructuras financieras del crimen organizado, fechado en febrero de 2017 y elaborado por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados.” (Camacho, 2017).

Dentro de la lógica de competencia que permea esta brutal actividad, la violencia viene acompañada de la lucha por recursos, rutas, armas, plazas importantes y venganzas entre grupos criminales y en ataques al Estado, poniendo zozobra dentro de la sociedad. Si bien cabe señalar que las actividades del crimen organizado se remontan al contrabando de tabaco, licores y drogas, es con la entrada de México al neoliberalismo[6] que las ganancias recabadas por las organizaciones criminales se potencían, pues la liberalización económica y la apertura comercial continuaron alimentando este fenómeno:

“Mientras que el crecimiento de la economía mexicana en los últimos 30 años roza apenas el 2 por ciento, las finanzas el crimen organizado muestran un comportamiento muy distinto. El mayor impulso al flujo de dinero ilícito ocurrió durante el sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa y tal crecimiento se mantuvo en el sexenio del priísta Enrique Peña Nieto.

En 2004 los flujos financieros ilícitos originados en México ascendían a 34 mil 239 millones de dólares. En el último año de Vicente Fox como titular del Poder Ejecutivo (2006) el monto de las entradas de estos dineros ilícitos eran del orden de los 40 mil 421 millones de dólares. Así recibió el calderonismo el problema.

Al final del sexenio (2012) las entradas de flujos de dinero ilícito ya llegaban a los 74 mil millones de dólares. Para 2013, el primer año de gobierno de Peña Nieto, se registraron 77 mil 583 millones de dólares sólo como entradas de flujos de dinero sucio.

De esta forma, se consigna en el documento del CESOP, de manera acumulada entre 2004 y 2013 las salidas de flujos de dinero ilícito alcanzaron los 528 mil millones de dólares, lo que consolidó al país como la tercera economía con mayor flujo de capitales ilegales. En la región de Latinoamérica y el Caribe, el segundo –ocupado por Brasil– apenas llegó 226 mil 667 millones de dólares: ni el 40 por ciento de México.” (Ibid,2017)

Así los ingresos del narcotráfico, de la industria de la corrupción y la violencia continuaron sus flujos conforme la globalización  ingresaba y permeaba  la economía, la cultura y marcaba a las futuras generaciones nacidas dentro del quiebre del Estado interventor por el Estado neoliberal y el negocio del tráfico de drogas comenzó a subir con el negocio del trasiego de cocaína de Colombia a Estados Unidos, donde los contrabandistas mexicanos jugaron un papel muy importante por razones geográficas y también por ser productor de marihuana y amapola que poco a poco se consolidaron como ejemplos de empresas trasnacionales, violentísimas, poderosas y vinculadas a un proceso de transformación del Estado neoliberal a un Estado mafioso[7].

Este Estado mafioso tolera y alienta estos fenómenos de violencia , pues en pro de contener la protesta social, vender los recursos naturales, cometer epistemicidios, y sacar los máximos beneficios económicos y políticos (y a veces términos políticos en cuestiones económicas como es la economía del miedo, o la necroeconomía), crea además divisiones sociales a partir de la colonialidad de la sociedades expuestas al proceso de violencia, normalización y manipulación fascista.


NOTAS:

[1] Revisando a este pensador Africano nos encontramos con una obra que advertía sobre lo que iría a suceder después, con la aparición de poderes paralelos al Estado que lo enfrentan, siendo parte también del juego global del capitalismo dedicados a fragmentar sociedades y enfrentarlas entre si para generar contratistas, mercenarios, señores de la guerra, extremistas, etc., como parte de esa transformación neoliberal brutal en la cual los recursos naturales y su control continúan destruyendo las pocas zonas naturales del planeta, para satisfacer al mercado y el estilo de vida generado de él, traducido en el despilfarro y la privatización. Esto comenzó en África para exportarse a otras regiones convulsas como América Latina, cuyos casos de paramiitarismo se remontan a las experiencias de la escuela de las Américas en Panamá, donde USA, se dedicó a entrenar a miles de oficiales latinoamericanos, en tareas de contrainsurgencia, creando grupos como los kaibiles, la contra nicaragüense, los paramilitares de las AUC (autodefensas Unidas de Colombia) y los escuadrones de la muerte salvadoreños, masacraban y torturaban comunidades que bajo el supuesto de ayudar a la guerrilla eran castigadas con asesinatos y violaciones. Cuando el comunismo cayó con la URSS en 1991, estos grupos se dedicaron a estrechar los lazos que tenían con los narcotraficantes y otros criminales de cuello blanco, para continuar sus actividades, siendo un ejemplo de estas actividades sanguinarias y capitalistas, los kaibiles guatemaltecos que forman parte de los Z, y no solo de ellos pues dentro del mercado de mercenarios que se relaciona con el crimen organizado, existen sicarios de élite que ayudan a fundar grupos brutales que buscan insertarse en el mercado negro de drogas, armas, personas, pornografía infantil, etc.

[2] La Nuda vida,  es un término usado en los estudios de biopolitica de Giorgio Agamben, que significa,  Vida desnuda,  y se refiere a la vida que puede ser destruida sin ningúna repercusión jurídica. “Una vida absolutamente expuesta a qué se le dé muerte, objeto de una violencia que excede a la vez la esfera del derecho y la del sacrificio sea, al conocerlo, el que con mas frecuencia estalle al situarnos frente a la realidad. Una realidad guerra, una realidad frontera, una realidad precaria, una realidad feminicida, que cada poco tiempo nos colma de desaparecidos y asesinatos policiales.” (Jímenez, 2015). Es un término del derecho romano arcaico.

[3] Sin embargo dentro de este clima de represión y nulo estado de derecho, hay organizaciones sociales que surgen a pesar de las adversidades, tanto en el entorno, pacifico, como en la lucha armada y es una respuesta natural a la guerra vivida, formándose una cultura de resistencia que siempre hace contrapeso al fascismo, dentro de esa gama ideológica que existe,

[4] Como parte de esa adaptación a la globalización el crimen organizado en la rama del narcotráfico:

“El capitalismo criminal no sólo ha abierto nuevos campos de acumulación de capital, igualmente ha vivido las mismas transformaciones que otras ramas de la economía en la etapa de la globalización. Así, como en otras industrias, la rama del crimen ha buscado flexibilizar sus procesos productivos y de distribución, y en vez de las grandes plantas para la manufactura o de las grandes cadenas comerciales, ha recurrido a formar pequeños grupos que se ocupan de una parte del proceso y en particular de la distribución en determinados territorios.

Dicho de otra manera, también en la industria criminal han surgido redes de pequeñas y medianas empresas, (pymes) que se encuentran vinculadas a las grandes mafias, pero gozan de cierta autonomía para los métodos de venta y la explotación de lo que podríamos describir como nichos del mercado o de limitados territorios dentro de las grandes ciudades. Así, por ejemplo, la exitosa mafia rusa consta, según estimaciones del Ministerio del Interior de Rusia, de unos 160 mil integrantes, los cuales conforman alrededor de 12 mil grupos, o sea, un promedio de 13 personas por núcleo. Se trata pues de las pymes de la delincuencia que, como las otras, prosperan a la sombra de una gran empresa que se vale de ellas para disponer de la flexibilidad que exige hoy el mercado y de esta manera abatir gastos. Flexibilidad que desde luego es más crucial todavía en las ramas criminales por la necesidad de ocultamiento. Expresión de esta presencia de las pymes en las ramas criminales es la acuñación del término de narcomenudeo. Esta flexibilidad, notable en el caso de la mafia rusa, también está presente entre los yakusas japoneses, en los reconstruidos cárteles colombianos o mexicanos, en la Camorra italiana, los clanes turcos, las bandas de Hong Kong o en la Cosa Nostra que opera en Estados Unidos.” (Galindo, 2016).

[5] La corrupción es una industria que viene de la mano con la economía política de los estados y su cultura, en México este problema estructural también tiene que ver con la idea de gobierno como un modo para sobresalir y no para cumplir con lo que el Estado esta obligado ante la sociedad, la derrama económica para las personas e instituciones implicadas en la corrupción es impresionante, pues según la revista Forbes en línea; “La corrupción le cuesta a México 347,000 millones de pesos al año, lo que significa 9% del PIB nacional y de acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2015, de Transparencia International (TI), el país ocupa el lugar 95 de 168 países.” (Villafranco, 2016). Si a eso le sumamos la derrama económica del crimen organizado y sus aportes a la estructura política partidista y empresarial mexicana , tenemos un monstruo sistémico que se alimenta el sufrimiento del territorio, de las personas y culturas y que cuenta con recursos económicos cuasi ilimitados y la manipulación cultural y política que ejercen sobre la sociedad.

[6] Se comenta que las primeras aperturas comerciales entraron después de la crisis de 1982, en donde la banca se nacionaliza y después de una gran inflación y crisis económica, vendrían los tratados de apertura total, a su vez muchas empresas vinieron para establecer relaciones comerciales e industriales, siendo en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), con la firma del TLC y la destrucción del ejido (reforma del articulo 27),  donde se dieron las reformas estructurales que continúan hasta hoy como otra más de las fases destructoras del capitalismo.

[7] México forma parte , con sus particularidades, de los Estados Mafioso:

“No son solo países donde impera la corrupción o donde el crimen organizado controla importantes actividades económicas y hasta regiones completas. Se trata de países en los que el Estado controla y usa grupos criminales para promover y defender sus intereses nacionales y los intereses particulares de una élite de gobernantes. Claro que esta práctica tampoco es nueva. Piratas y mercenarios fueron comúnmente usados por las monarquías y hasta democracias como la estadounidense llegaron a reclutar a la Mafia para alcanzar sus objetivos. La descabellada decisión de la CIA de comisionar a la Mafia el asesinato de Fidel Castro en 1960 es quizás el ejemplo más conocido.

Pero en las últimas dos décadas una serie de profundas transformaciones en la política y la economía mundial han impulsado la aparición de lo que llamo Estados mafiosos. Países en los que los conceptos tradicionales de “corrupción”, “crimen organizado” o de entes gubernamentales “penetrados” por grupos criminales no captan el fenómeno en toda su complejidad, magnitud e importancia. En los Estados mafiosos, no son los criminales quienes han capturado al Estado a través del soborno y la extorsión de funcionarios, sino el Estado el que ha tomado el control de las redes criminales. Y no para erradicarlas, sino para ponerlas a su servicio y, más concretamente, al servicio de los intereses económicos de los gobernantes, sus familiares y socios. (Naim, 2012).”

 

2 comentarios sobre “Por la sangre se enriquecen algunos: la necropolítica y el gran capital en México [Parte 2]

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