Por la sangre se enriquecen algunos: la necropolítica y el gran capital en México [Parte 1]

Por Mario Leyva

¿Había sido siempre ese el motivo de los asesinatos?
¿Un acto ritual para darle forma a la sociedad?
¿Una pauta de control dibujada con un dedo
empapado en la sangre de un niño?.
Dr. William Whitley Gull , en “From Hell.”, novela gráfica de Alan Moore.

 

A manera de introducción.

Salpica la sangre derramada y usada como lubricante de los engranes del capital, salpica la mierda y la corrupción necesarias para la reproducción de un sistema sin rostro que deja un hedor de dolor y miedo.

Demasiados muertos se contabilizan diariamente desde que en el año 2007, el entonces presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, iniciara una estrategia de lucha frontal contra el crimen organizado, la cual ha seguido su sucesor Enrique Peña Nieto y que lejos de combatir a la delincuencia e inseguridad, ha aumentado los niveles de brutalidad con costos sociales imposibles de calcular en cuanto a sufrimiento, impunidad, miedo e injusticia se refiere, pues día a día aparecen ejecuciones, asesinatos, feminicidios en una espiral de horror que permea el tejido social y lo condiciona a la violencia, a la militarización, a la guerra, a la indiferencia, y a la necesariedad de un Estado o el narcotráfico, su contraparte, según sean los intereses de los implicados, originando un estado de shock y temor (como el estado de guerra de todos contra todos hobbesiano), necesario para el control social tan importante para el sistema capitalista y su guardián: el Estado neoliberal, quien bajo el argumento de proteger la democracia, la libertad y garantizar la seguridad, despliega a sus efectivos militares y policiales en operativos que solo aumentan la violencia pues se traduce en levantones, ejecuciones extrajudiciales, cuerpos descuartizados (como la vuelta de la violencia corporal como mensaje de terror) y , un virtual Estado de excepción en donde las garantías y derechos humanos, sociales y políticos quedan suspendidos por el combate a un enemigo interno.

Este artículo es parte de un esfuerzo por entender la actual brutalidad y violencia que nos rodea, en la que nosotrxs como pueblo quedamos en medio de una guerra pactada y mentirosa, entre los carteles de la droga, las agencias extranjeras (CIA y DEA[1]), y el gobierno mexicano cuyos resultados, son miles de muertos, desaparecidos y torturados de este lado, mientras de su lado se traduce en el aumento del poder y dinero a costa de mantener al capitalismo más brutal, pues tanto las actividades del crimen organizado, como la corrupción endémica de la clase política y empresarial , son parte estructural de la cultura capitalista emanada de la modernidad, el libre mercado y la organización Estado nación, en la cual el ejercicio del poder se basa en la violencia y la acumulación por despojo.

Así, conceptos como necropolítica, necropoder, biopolítica, Estado de excepción, nuda vida, convergen para tratar de explicar por qué ante este panorama oscuro en donde el terror y la miseria son inmanentes al sistema capitalista que gobierna ominosamente nuestras vidas, la resistencia personal y colectiva, las epistemologías decoloniales, libertarias, y comunitarias, así como la organización social son parte importante de la supervivencia y dignidad con la que podemos afrontar el mundo.

1.-El capitalismo y la sangre, inversiones protegidas por la necropolítica.

Dentro de la historia de este sistema económico llamado capitalismo (así a secas, pues siento que es el nombre sistémico más adecuado), se encuentra a su vez la historia de la modernidad, del colonialismo, del racismo, de la construcción del Estado nacional y de sus tragedias, las cuales empapan de sangre las páginas de los libros de historia para insertarse en una cultura común y hegemónica basada en la mercantilización de la vida humana, la explotación irracional de los recursos naturales y el nulo respeto a la vida.

Para este proceso civilizatorio habría que remontarse muy atrás y ver que la historia humana está llena de prácticas del uso despótico y totalitario del poder, por las farsas de las instituciones sociales afines a figuras monolíticas como el Estado, y la jerarquización social basada en el poder económico, la explotación de las diferencias culturales, y la colonización de poblaciones enteras, con su epistemicidio respectivo (Santos, 2010) [2], son parte de estas pautas civilizatorias modernas que pagan con sangre quienes sostienen al sistema, que a su vez son sometidos al exterminio y la administración de la muerte, que los regímenes colonialistas extranjeros primero  y nacionales después [3], someten a pueblos originarios y mestizos creando sociedades donde las poblaciones nacen, compiten y mueren dentro del espiral del sistema capitalista, donde todo intenta controlarse desde su cotidianidad y vidas, hasta su explotación como ejercito de reserva (Marx.1988), haciendo biopolítica donde las elites cultivan a los obreros de la sociedad cual fábrica biológica de los recursos materiales que mueven la mano invisible del mercado, que a su vez es custodiado por los Estados nacionales, y que en el caso de EUA – como imperio contemporáneo dominante- trasplanta sus doctrinas de contrainsurgencia y contención social a los gobiernos en turno, lo que se ve traducido en la injerencia de las agencias e seguridad estadounidense dentro de territorios allende sus fronteras.[4]

Es por ello que los Estados aplican biopolíticas de muerte, pues al ser el Estado un regulador de la vida social (a través de la soberanía) , es claro que también se iba a encargar de su reproducción, aprovechamiento sistemático y muerte , mediante el ejercicio del biopoder :

 “el conjunto de mecanismos por medio de los cuales aquello que, en la especie humana, constituyen rasgos biológicos fundamentales podrá ser parte de una política, una estrategia política, una estrategia general de poder ; en otras palabras, cómo, a partir del siglo XVIII , la sociedad, las sociedades occidentales modernas, tomaron en cuenta el hecho biológico fundamental de que el hombre constituye una especie humana (Foucault, 2004:15). (Citado en Gigena,2012:14).

Estas sociedades occidentales modernas, son las que moldearían el concepto de Estado-Nación moderno, homogéneo, industrializado, liberal, iniciado por las políticas expansionistas de la España imperial del siglo XVI (Grosfoguel, 2013), y que será implantado en la mayoría de países del mundo, después de haber vivido un dominio colonial, este continúa pero bajo otras formas y amos, sin embargo el uso de la fuerza como parte de esa biopolítica devenida en genocidio es una pauta constante de la civilización occidental:

“Los Estados modernos surgidos a finales del siglo XIX tienen como objetivo el control y gestión de Ia población en cuanto nuevo recurso (junto al territorio y los bienes que en él se hallan), para lo cual despliegan técnicas de desacralización de lo biológico, lo demográfico y todo lo referente a la vida humana. La biopolítica somete Ia vida al tamiz científico y sobre todo a Ia verdad estadística. Achille Mbembe sugiere que los regímenes políticos actuales obedecen al esquema de «hacer morir y dejar vivir», y sitia la aparición de esta nueva forma de control durante el periodo colonial, momento de gran desestructuración de los límites entre la vida y la muerte que propició el silenciamiento del cuerpo.

También se alude en Necropolítica a Ia cosificación del ser humano propia del capitalismo, que explora las formas mediante las cuales las fuerzas económicas e ideológicas del mundo moderno mercantilizan y reifican el cuerpo: se estudia de que manera este se convierte en una mercancía mas, susceptible de ser desechada, contribuyendo a aniquilar Ia integridad moral de las poblaciones. Las personas ya no se conciben como seres irreemplazables, inimitables e indivisibles, sino que son reducidas a un conjunto de fuerzas de producción fácilmente sustituibles.” (Falomir, 2011:14-15).

La muerte se traduce en la aplicación de la violencia sistemática basada en el racismo, el clasismo y el colonialismo, enfocados al control y exterminio de ciertas poblaciones por intereses como sus recursos naturales, su rebelión, religión y cultura, así como en la reproducción de un clima de terror para el control social y la reproducción del capitalismo, así la necropolítica  va de la mano con otro concepto inmanente al capitalismo:

“ el concepto de “necroeconomía”. Hablamos de necroeconomía en el sentido de que una de las funciones del capitalismo actual es producir a gran escala una población superflua. Una población que el capitalismo ya no tiene necesidad de explotar, pero hay que gestionar de algún modo. Una manera de disponer de estos excedentes de población es exponerlos a todo tipo de peligros y riesgos, a menudo mortales. Otra técnica consistiría en aislarlos y encerrarlos en zonas de control. Es la práctica de la “zonificación” .(Achille M´membe, 2016 en  . (Lapuente & Amarela, 2016).

Cabe señalar que muchos de los procesos de la economía de la muerte ocurren en periferias globales, donde regiones enteras son sacrificadas en el altar del capitalismo. En las periferias, donde el colonialismo-capitalismo es parte de la historia y de la dependencia al Norte -tanto económica como cultural- representa dentro de sus memoria marcas de violencia y autoritarismo reflejado en guerras civiles, genocidios y despojos a los pueblos y saberes diferentes o desafiantes. Denominadores comunes del Sur global.

El caso de México es una tragedia humanitaria [5], y a la vez , para los grupos de poder, representa una bonanza económica traducida en la impunidad y apoyo a sus intereses, por parte del gobierno nacional, el cual usa terror y la represión para cometer sus actos , amparado bajo las leyes fascistas como la Ley de Seguridad Interior, que establecen de iure (legal), lo que ya tenemos de facto, pero perfeccionado  pues la intervención de los aparatos militares y policiacos en la contención de la protesta y organización social, para que bajo el amparo jurídico puedan cometerse más atrocidades, pero ahora como razón de ser del terrorismo de Estado.

Sin embargo ese terrorismo de Estado trae consigo el desencadenamiento de la violencia brutal que es necesaria en toda historia capitalista, donde el mercado expolia -en un aspecto bastante complejo y siniestro- recursos ambientales y humanos, para que algunos de estos últimos puedan seguir reproduciendo el estilo de vida occidental , el cual tiene costos muy altos.

Ejemplo de ello son las empresas extractivistas extranjeras que operan en contubernio con el crimen organizado y las fuerzas gubernamentales, para garantizar el desplazamiento forzado y el despojo de las tierras de quienes habitan en lugares ricos en recursos naturales y acosados por intereses criminales. Nombres como Santa Maria Ostula o Cherán, ambos lugares con población indígena (nahuas y purépechas) en Michoacán, dan muestra de que existe colaboración cercana entre capitalistas, criminales y el Estado, pues en Ostula, las mineras se valen del crimen organizado para sembrar el terror a pesar de la presencia de la marina y el ejercito que “combaten” a ese crimen organizado, y a los cuales acaban apoyando[6].

Por su parte en Cheran el crimen organizado destruía y explotaba los bosques de la comunidad y asesinaba comuneros, con el beneplácito de las autoridades gubernamentales. Sin embargo en ambos casos la organización comunal derivo en diferentes acciones de liberación, entre las cuales destacan la organización de seguridad y autodefensa, normada de acuerdo a marcos jurídicos internacionales que reconocen la autonomía indígena en labores de autogobierno y seguridad.

Estos casos componen parte de esa economía criminal que también es sostén de los paradigmas desarrollistas y civilizatorios que siempre ha esgrimido el sistema desde sus inicios, pues esta supuesta y trágica inevitabilidad del desarrollo y el progreso trae también un modelo de conducta, una cultura, un sistema jurídico, que hacen que la violencia se normalice considerando estos fenómenos como algo necesario y cotidiano para seguir manteniendo el statu quo a costa de estos fenómenos de violencia que van de la mano con políticas explotadoras de los territorios:

“Lo que David Harvey está llamando acumulación por despojo es esta regresión a formas coloniales, pre-capitalistas, de acumulación. En América Latina se ha estado llamando extractivismo a tal forma de despojo, para referirse en particular al de la explotación minera. El mismo mecanismo, el mismo principio, se está empleando en la especulación inmobiliaria en las ciudades y en el sistema financiero: un pequeño grupo se apropia de porciones crecientes de la plusvalía generada por la operación capitalista en su conjunto… sin participar en su generación. Al paso que vamos, cada vez más acelerado ya no podemos caracterizar a este régimen como capitalista: será una modalidad poscapitalista que emplea procedimientos precapitalistas para formas salvajes de acumulación.” (Esteva, 19:2013).

Cabe señalar que esta especulación inmobiliaria no solo se da en las ciudades, también en los territorios indígenas y pueblos campesinos que se defienden del despojo y ésta especulación va de la mano con las empresas que ya mencionamos. A su vez, el papel del crimen organizado como inversor directo en estas operaciones conjuntas con el capital privado y el estado, hacen que las grandes mafias a su vez desarrollen otros giros que fortalecen sus actividades lucrativas, entre las cuales se encuentra la trata de personas, tráfico de órganos, prostitución infantil, narcotráfico, tráfico de especies animales, extorsiones, secuestros, etc, siendo los grupos criminales quienes ejercen un poder sanguinario sobre la población, obligándola a desplazarse, colaborar, morir o rebelarse, y las tres primeras son necesarias para continuar con las practicas económicas depredadoras, pues la producción de la droga y las rutas, así como las plazas urbanas son eslabones de una cadena que escurre sangre y forma un circulo de dolor transformando el espacio en una inmensa fosa común, donde los restos humanos son enterrados bajo impunidad política y bonanza económica.[7]

“Esta nueva era es la de la movilidad global. Una de sus principales características es que las operaciones militares y el ejercicio del derecho a matar ya no son monopolio unico de los Estados, y que el «ejército regular» ya no es el único medio capaz de ejecutar esas funciones. La afirmación de una autoridad suprema en un espacio político particular no es fácil; en lugar de esto, se dibuja un patchwork de derechos de gobierno incompletos que se solapan, se encabalgan, donde abundan las distintas instancias jurídicas de facto geográficamente entrelazadas, las diversas obligaciones de fidelidad, las soberanías asimétricas y los enclaves.” (M´bembe, 2006: 57).

Las fronteras entre los los criminales y el Estado se diluyen para dar pie a una violencia brutal que permea todos las clases y grupos sociales, en donde la necropolítica avasalla la realidad social para convertirse en una cotidianidad cruel, con una cultura y un sentir que crean sociedades propicias a la autodestrucción… just like now.[8]

En la siguiente entrega se comentararn los lazos funestos que la alianza entre el Estado y el crimen como parte de ese capitalismo brutal, cuya economía de guerra genera dividendos y multiplica la competencia de los grupos armados en el mercado de la violencia donde estan inmersos proyectos empresariales, redes de narcotrafico, intereses extranjeros y politicas de Estado contra su población, como mecanismos garantes de la continuidad del sistema.


Notas:

[1] Es innegable el siniestro papel que las agencias de seguridad e inteligencia norteamericanas juegan en África, Asia y América Latina, primero en la lucha contra el comunismo y la infame escuela de las Américas que lo mismo entrenaba dictadores, verdugo , paramilitares, torturadores, y que fue la institución de contrainsurgencia durante aquellos años, hasta el plan Colombia y la Iniciativa Mérida -los cuales se enfocan en el terrorismo y el narcotráfico como enemigos- buscan mediante la guerra, combatir a la delincuencia, contener la violencia en su frontera sur, limpiarla de migrantes convirtiendo a México en un inmenso cementerio y asegurarse los recursos naturales de su expoliado vecino, con la complicidad del colonialismo interno que se conforma con las migajas.

A propósito de los que combaten por la democracia –EUA y UE:
“propongo el concepto de “terrorismo global de Estado” para caracterizar la política de violencia perpetrada por aparatos estatales imperialistas en el ámbito mundial contra pueblos y gobiernos con el propósito de infudir terror y en violación de las normas del derecho nacional e internacional . Sostengo que en el estudio y análisis del terrorismo se ha enfatizado el terrorismo individual y el de grupos clandestinos de todo el espectro político, obviando y dejando a un lado el papel del imperialismo estadounidense y los Estados capitalistas en la organización del terrorismo interno y en el ámbito internacional. El terrorismo global de Estado violenta los marcos ideológicos y políticos de la represión “legal” (la justificada por el marco jurídico internacional) y apela a “métodos no convencionales”, a la vez extensivos e intensivos, para aniquilar a la oposición política y la protesta social.” ((López y Rivas, 22, 2012).)

[2] El epistemicidio es la destrucción de saberes y conocimientos de la cultura vencida por el cultura vencedora y es parte inmanente del racismo y la injusticia cognitiva: “aquellos procesos de opresión y explotación que al excluir a ciertos grupos, también suprimieron, invisibilizaron o exterminaron los conocimientos producidos y usados por ellos. Esta injusticia cognitiva se funda en la idea de que existe un conocimiento superior que al mismo tiempo que se afirma, niega todos los demás: la ciencia moderna.” (Aquino, 11: 2013.).

[3] El colonialismo nacional, también llamado Colonialismo Interno, es un proceso que Pablo González Casanova define como:

“La definición del colonialismo interno está originalmente ligada a fenómenos de conquista, en que las poblaciones de nativos no son ex­terminadas y forman parte, primero, del Estado colonizador y, después, del Estado que adquiere una independencia formal, o que inicia un proceso de liberación, de transición al socialismo o de recolonización y regreso al capitalismo neoliberal. Los pueblos, minorías o naciones colonizados por el Estado-nación sufren condiciones semejantes a las que los caracterizan en el colonialismo y el neocolonialismo a nivel in­ternacional: habitan en un territorio sin gobierno propio; se encuentran en situación de desigualdad frente a las elites de las etnias dominantes y de las clases que las integran; su administración y responsabilidad jurídico-política conciernen a las etnias dominantes, a las burguesías y oligarquías del gobierno central o a los aliados y subordinados del mismo; sus habitantes no participan en los más altos cargos políticos y militares del gobierno central, salvo en condición de “asimilados”; los derechos de sus habitantes y su situación económica, política, social y cultural son regulados e impuestos por el gobierno central; en general, los colonizados en el interior de un Estado-nación pertenecen a una “raza” distinta a la que domina en el gobierno nacional, que es consi­derada “inferior” o, a lo sumo, es convertida en un símbolo “liberador” que forma parte de la demagogia estatal; la mayoría de los colonizados pertenece a una cultura distinta y habla una lengua distinta de la “na­cional”. (Gonzalez Casanova, 2006).

[4] Las políticas gubernamentales que hacen posible que este ejercito de reserva no solo alimente la producción industrial, sino a las filas del crimen organizado, de la trata y esclavitud de personas, se demuestran en el índice del aumento de la pobreza en el mundo donde hay:

 “Cada vez más, una pequeña élite absorbe los principales beneficios del crecimiento económico. A pesar del estancamiento económico que sufrió el planeta durante casi una década, el número de milmillonarios aumentó a 2.199, algo sin precedentes. El uno por ciento más rico de la población mundial posee ahora tanta riqueza como el resto de los habitantes. Las ocho personas más ricas del mundo tienen tanta riqueza como la mitad más pobre.” (Chowdhury, 2017).

[5] Ciertamente las cifras apuntan a que desde el 2007, la violencia y asesinatos han aumentado en todos los frentes, se aceptan cifras que rondan los 200 mil muertos, sin embargo son números muy difíciles de medir, sobre todo por la opacidad de los casos y la impunidad con la que el Estado actúa y manipula sus cifras, sin embargo lo que si puede saberse es que este aumento gradual de la violencia es reflejado también en las reformas estructurales de corte neoliberal, que necesitan los estados de shock social para implantarse, sin embargo y de acuerdo también a otras mediciones , los grupos criminales pasaron a multiplicar su accionar y actividades delictivas pues los secuestros, la trata de personas , el robo de combustible y la paramilitarización son fenómenos donde el dinero corre a raudales y salpica por doquier a autoridades y criminales, cómplices y socios de una tragedia que busca encubrirse también mediante la negación al cambio social y la necesidad de mano dura por parte de la población, lo que muestra el papel de los aparatos ideológicos y educativos del Estado para la creación de sociedades serviles, temerosas e individualistas, fragmentadas e incapaces de rebelarse y normalizando la violencia brutal.

A su vez esta violencia va de la mano con el incremento de la pobreza :

“Los niveles de pobreza de los mexicanos aumentaron entre los años 2008 y 2014, al pasar de 44.3 por ciento a 46.2 por ciento, con lo que sumaron 55.3 millones de personas, reveló un reciente estudio realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). En el reporte Medición y Análisis de la Pobreza en México 2006-2015, el Coneval indicó que este crecimiento se debió, sobre todo, a la crisis económica y al aumento de los precios de los alimentos que afectaron a la población en 2009 y parte de 2010. Mencionó que estos dos fenómenos tuvieron como resultado un aumento en el porcentaje de población en situación de pobreza.” (Redacción de Sin Embargo, 2016).

[6] El actuar de las mineras es parte de ese proceso de destrucción de la vida por parte de las empresas capitalistas y la búsqueda de materia prima y mercados, lo cual genera fenómenos de violencia y corrupción en los lugares donde llegan a explotar;

“En los últimos 15 años, seis proyectos mineros operados por empresas canadienses en México estuvieron vinculados con hechos violentos: ocho personas fallecieron, dos desaparecieron, 14 fueron heridas, 35 fueron detenidas y 83 enfrentaron la justicia, según un informe del Proyecto para la Justicia y la Rendición de Cuentas Corporativa (JCAP, por sus siglas en inglés), una organización de abogados canadienses.

De acuerdo con el JCAP, cuatro de cada diez empresas mineras que operan en América Latina son de origen canadiense y, entre 2000 y 2015, al menos 28 de ellas estuvieron involucradas en afectaciones a los derechos humanos en 14 países del subcontinente, en 11 de los cuales murieron personas, ya sean líderes comunitarios e indígenas, víctimas de “ataques dirigidos”, pero también activistas, mineros, policías, guardias de seguridad, periodistas, abogados o sindicalistas.” (Tourliere, 2016)

Sin embargo y pese a que ha habido casos donde los carteles afectan esta actividad extractivista, hay empresarios como:

“Rob McEwen es un próspero empresario canadiense. Es director y propietario en jefe de la minera McEwen Mining, compañía con fuertes inversiones en México. Es el centésimo hombre más rico de Canadá y un firme creyente en el oro.

En abril de 2015 sufrió un duro golpe. Un comando asaltó la mina El Gallo 1, ubicada en la zona serrana de Mocorito, Sinaloa, y robó 198 kilos de oro. Los ladrones se llevaron 8.4 millones de dólares. Se trató del hurto de oro más grande en México, y el cuarto asalto más importante registrado en la historia en peso.

Dos días después, McEwen dio una entrevista a la televisora canadiense Business News Network. Sin pelos en la lengua confesó: “Los cárteles están activos ahí. Generalmente tenemos una buena relación con ellos. Si queremos ir a explorar a algún lado, les preguntamos, y te dicen: ‘No, pero regresen en un par de semanas y terminamos lo que estamos haciendo’  Las declaraciones levantaron una intensa polémica. Tres días más tarde, McEwan se retractó y ofreció disculpas por “el malentendido” que “creó la impresión totalmente falsa entre los medios mexicanos de que teníamos contacto regular con elementos criminales en su sociedad”.

El hecho dista de ser un incidente aislado. Muestra la compleja relación que se ha entablado en México entre las empresas mineras y el crimen organizado. Una relación que tiene varias facetas: la abierta colaboración entre ambos negocios, la conversión de narcotraficantes en empresarios del sector, y la extorsión y el robo de los cárteles a las compañías.”. (Hernandez Navarro, 2017).

[7] En el estado mexicano de Veracruz, se ha encontrado una narcofosa con proporciones enormes, en donde organizaciones de familiares de desaparecidos, a falta de la actuación de las autoridades han emprendido una búsqueda incesante de sus familiares, en un estado exuberante y rico en recursos naturales, donde también se ve la tragedia del crimen organizado y la corrupción , donde gobernadores se enriquecen para huír después, donde existen proyectos extractivistas  y petroleros, y grupos criminales sanguinarios como los Zetas imponen su ley, allí, en un predio sin nombre se encontraban los restos de personas desaparecidas:

“Dicho panteón ilegal fue descubierto a raíz de que madres del Colectivo Solecito recibieron lo que llamaron un “regalo” de la delincuencia organizada, el 10 de mayo del 2016.

Mediante copias de croquis y mapas dibujados a mano en hojas de papel bond, con decenas de cruces marcadas, los familiares de los desaparecidos hallaron ese predio.”( (Zavaleta, 2017).

 En el cual según integrantes de estos colectivos de búsqueda de familiares, se han encontrado 249 cráneos y más de 10 mil restos óseos. Y así como estos casos hay historias de horror donde las autoridades con tal de maquillar la realidad y su números, con tal demostrar eficiencia y necesariedad llegan a ocultar el terror, rompiendo todos los protocolos de acceso a la justicia por parte de los familiares y de las víctimas de estos crímenes de lesa humanidad.

[8] Dentro de los ejemplos del ejercicio del necropoder, tenemos regiones enteras sometidas al colonialismo y su subsecuente destrucción, entre ellos está la colonización de Gaza por Israel, la guerra de Siria, en su expresión más álgida, y la actual guerra al narcotráfico en México, sin embargo y como lo expone M´bembe:

“Tomemos el ejemplo de África. La economía política del Estado ha cambiado de forma espectacular durante el último cuarto del siglo XX. Numerosos Estados africanos ya no pueden reivindicar un monopolio sobre la violencia y los medios de coerción en su territorio; ni sobre los limites territoriales. La propia coerción se ha convertido en un producto de mercado. La mano de obra militar se compra y se vende en un mercado en el que la identidad de los proveedores y compradores esta prácticamente desprovista de sentido. Milicias urbanas, ejércitos privados, ejércitos de señores locales, firmas de seguridad privadas y ejércitos estatales proclaman, todos a Ia vez, su derecho a ejercer Ia violencia y a matar. Estados vecinos y grupúsculos rebeldes alquilan ejércitos a los Estados pobres. La violencia no gubernamental conlleva dos recursos coercitivos decisivos: trabajo y minerales. Cada vez más, Ia amplia mayoría de los ejércitos se compone de ciudadanos-soldado, niños-soldado, soldados y corsarios.”  (M´bembe, 2006: 58).

 

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