historia y Memoria colectiva a 49 años de la matanza de Tlatelolco ¿Por qué seguimos recordando?

Por Ana González

Vivir en una época donde reina el consumo, la violencia y el individualismo nos confronta a una sensación de inmovilidad, creyendo que es lo que nos toca y que no podemos hacer nada.

Somos la generación de la no memoria, todo es superficial lo que hoy pasa mañana no se recuerda, en los diferentes puntos del planeta acontecimientos emergentes son prueba de la crueldad del sistema económico que vivimos. Hambre, desempleo, muerte, etc. son causa y efecto de décadas de olvido.

La memoria no es solamente individual sino que esta se construye colectivamente y  sirve de base para la identidad de un grupo, ésta es crucial en la vida del grupo pues le permite la interacción entre sus miembros y también mantener comunicación con otras colectividades. Halbwach propone que la memoria se construye en marcos sociales, estos marcos sociales están constituidos por el tiempo y el espacio o lo que es lo mismo: lugares y fechas.

La memoria se puede ir construyendo de maneras diversas, ya sea de manera escrita, por medio de imágenes o utilizando una de sus principales herramientas: la tradición oral, es decir, la palabra, el lenguaje, que juegan un papel indispensable en la vida social del ser humano, pero específicamente en la memoria colectiva, al ser el instrumento mediante el cual los sucesos cruciales dentro del grupo son narrados e integrados a la vida presente.

Antes de continuar me gustaría hacer una diferenciación (Betancourt Echeverry, 1999)

Memoria histórica. Supone la reconstrucción de los datos proporcionados por el presente de la vida social y proyectada sobre el pasado reinventado.

Memoria colectiva. Es la que recompone mágicamente el pasado, y cuyos recuerdos se remiten a la experiencia que una comunidad o un grupo puede legar a un individuo o grupo de individuos.

Memoria individual. En tanto que ésta se opone (enfrenta) a la memoria colectiva, es una condición necesaria y suficiente para llamar al reconocimiento de los recuerdos. Nuestra memoria se ayuda de otras, pero no es suficiente que ellas nos aporten testimonios.

Uno de los problemas que a los que se enfrenta la memoria colectiva es que muchas veces se confunde con la Historia o mejor dicho con esa historia con mayuscula, hegemónica, adoptada por aquellos grupos que mantienen el control.

“La domesticación de la memoria social por las memorias hegemónicas ha tomado la forma de una suerte de historia natural: historia científica, objetiva, dueña de los únicos dispositivos de verdad y de legitimación posibles, atemporal, universal” (Gnecco, 2000)

Y en esta confusión de memoria colectiva por Historia, se van diluyendo las muchas historias que existen detrás de esa “única” y “verdadera”, y es así como surge el olvido, el pretender que ciertos eventos nunca pasaron o minimizar su importancia , todo aquello que no le sirva al poder se manda al olvido “y cuando se les cuestiona al respecto, suelen argüir que no hay que mirar al pasado, sino al futuro”(Mendoza, 2005) pero como mirar al futuro cuando existen esos hoyos negros sin respuesta.

Hoy a 49 años de la matanza de Tlatelolco ¿Qué es lo que estamos recordando? ¿La Hist0ria o la memoria colectiva?

Cuando hablamos del 2 de octubre de 1968 ¿de qué hablamos? De un acto genocida que aun duele, ¿de un acto represivo sin mayor explicación? O de un proceso politico y organizativo con variables diferentes, recordamos un 22 de julio cuando el enfrentamiento entre dos prepas desencadeno el proceso político que terminaría en la matanza. ¿Recordamos esto o lo olvidamos?

El olvido social al igual que la memoria (su contraparte) tiene instrumentos en los cuales construirse: silencios, poca información o información que se contradice y la versión única que se manifiesta en esa Historia hegemónica.

Este olvido social se manifiesta sobre todo en aquellos movimientos sociales que se oponen a la supremacía poderosa , “las ciencias sociales han concebido a los movimientos sociales (MS) como formas de acción colectiva, en las cuales grupos humanos se reúnen para promover cambios sociales en algún ámbito de su incumbencia” (Fernández, 2003) y México no ha sido la excepción , ha sido un gran esfuerzo por parte de los poderosos mandar al olvido los movimientos sociales que han atravesado la historia nacional , es muy poca la gente que conoce el movimiento magonista que precede a la Revolución Mexicana, que el grito de ¡Tierra y Libertad! se retoma después del asesinato de Zapata y que era un de las tantas maneras de no matar la memoria y continuar con la revolución,  o los grupos organizados  contra los tala montes en la sierra de Chihuahua que culmina con el asalto al Cuartel de Madera en 1965 y marca el precedente de la represión que sufrirán los MS en México entre la décadas de los 60s y 70s al mando de los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, poca información hay actualmente acerca de los desaparecidos políticos durante el tiempo que abarcan 1960-1980 y menos información acerca de las desapariciones en los gobiernos actuales llamados neoliberales. Los espacios cotidianos parecen carecer de esta memoria.

Las generaciones de hoy, lxs chicxs que participaron en el #YoSoy132 y los movimientos que le siguieron tienen un vacío en la memoria de la noche de Tlatelolco a el día de hoy. Hay ya casi más de 50 años de narrativa colectiva que no ha dejado huella en nosotrxs, somos una generación de huerfanxs politicxs que buscamos desesperadamente encontrar esa identidad perdida.

Y es como en los pasados años nos enfrentamos a nuevas formas de organización social, nuevas formas de trabajo que dentro de sus objetivos incluyen el combate de ese olvido que llena a las sociedades consumistas. En estas nuevas sociedades donde la rapidez es la principal arma, todo acontece en segundos y la información se trasmite a nivel mundial, fácilmente podemos saber que pasa del otro lado del mundo e inmediatamente después conocer qué sucede en el país vecino, ahora no hay silencios sino demasiado ruido, los tiempos y los espacios necesarios para la construcción de la memoria son demasiado cambiantes para ser retenidos.

Hablar de Nuevo León en tiempos pasados era hablar del auge industrial, de una cultura de orgullo por el trabajo y un sentido de superioridad por el mismo. En el paso de una década eso ha ido cambiando, la realidad mundial y del país nos han alcanzado por fin. El sueño capitalista se terminó y no se puede negar las consecuencias de haber vivido ignorando las condiciones de miseria, exclusión y explotación generadas por él mismo.

Pero no todo es pesimismo, las circunstancias actuales también han orillado a una parte de la población nuevoleonesa a encontrar maneras creativas tanto para sobrevivir la violencia como también para externar (cada vez de manera más pública) su descontento e inconformidad.

Hoy a 49 años los que le apostamos por un  cambio recordamos a esas y esos jóvenes valientes, recordamos y nos apropiamos de su lucha, de sus causas, lo que ellxs exigían sigue ausente y lo seguimos exigiendo. Hoy recordamos que esta memoria colectiva, esta historia -así, con minúsculas- sigue en construcción, que no es un proceso lineal, que no son solo fechas y lugares sino procesos activos y sobre todo que somos parte de ellos y que nos responsabilizamos de nuestra parte, de nuestro eslabón. Vivimos un momento histórico…si, pero tan histórico como los que nos han traído aquí como los que vienen.

  • Betancourt Echeverry, D 1999 Memoria Individual, Memoria Colectiva y Memoria Histórica. Lo secreto y lo escondido en la narración y el recuerdo. Hojas Universitarias No. 47
  • Fernandez R. 2005 Espacio y tiempo en los movimientos sociales: esbozo de una aproximación psicoelectiva. Psi. Soc. Revista Internacional de Psicología Social UAM
  • Gnecco C, Zambrano M. 2000 Historias hegemónicas, historias disidentes: la domesticación política de la memoria social. Memorias hegemónicas, memorias disidentes: el pasado como política en la historia. ARFO
  • Mendoza García J. 2005 La rapidez como forma de olvido social: fenómeno de la posmodernidad y de las grandes ciudades. . Psi. Soc. Revista Internacional de Psicología Social UAM
  • Mendoza García J. 2005 Exordio a la memoria colectiva y el olvido social. Atenea Digita.
  • Melucci A. 1999 Los movimientos sociales en la sociedad contemporánea: Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. COLMEX

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