Crear, recordar y difundir como resistencia a la privatización del conocimiento

Por: CREA

“Causalidad universal y dinámica creativa. Es razonable pensar que esta Solidaridad Universal no puede tener el carácter de una primera causa absoluta; al contrario, es simplemente el resultado producido por la acción espontánea de causas particulares, cuya totalidad constituye la causalidad universal. Siempre crea y será creada de nuevo; es la Unidad combinada y surgida para siempre en la infinita totalidad de incesantes transformaciones de todas las cosas existentes; y al mismo tiempo es lo creador de esas mismas cosas; cada punto actúa sobre el Todo (aquí el Universo es el producto resultante); y el Todo actúa sobre cada punto (aquí el Universo es el Creador).”

-M. Bakunin

Vivimos en un momento de la humanidad en la que tenemos tantas comodidades que estamos destruyendo nuestras vidas, y con ellas no solo perdemos nuestro futuro, también hacemos de las esperanzas de nuestros antepasados un chiste, una utopía, una derrota o lo que es peor, un silencio.

Sabemos tan poco de las sociedades que antecedieron a la nuestra que llegamos al grado de ni siquiera comprender nuestra cotidianidad. Esta ausencia de conocimiento nos hace incapaces de observar nuestros problemas de manera sistemática, es decir, comprendiendo que nuestras supuestas diferencias terminan cuando nos enfrentamos juntos a la enorme diversidad de amenazas que provienen de un sistema de opresión que se reproduce en la mayoría del planeta.

En el pasado este desconocimiento se basó en la pérdida de solidaridad entre los habitantes del campo y la ciudad; después por la privatización de la educación y la censura a los medios de comunicación; paradójicamente, hoy nos enfrentamos al problema del exceso de información. Llegamos a un punto en el que el exceso de información nos aleja cada vez más del conocimiento como tal, como creación colectiva.

Esta saturación de información convierte a cada proyecto, manifestación o movimiento artístico, social y cotidiano en algo efímero, un acontecimiento del montón que se pierde en los mares del internet. Esto es en gran parte culpa del elitismo en el arte, la academia, en general, de los organismos públicos y privados que utilizan nuestras expresiones para lucrar. Éstos viven del consumo, el que hoy en día se rige por la novedad. Se tiene que olvidar el gran producto del 2015 para poder vender la  novedad del 2016, la gente consume-olvida de tal manera que nunca llena ese vacío que sentimos en la actualidad. Los proyectos que buscan construir se pierden ante la falta de novedad, como si crear un futuro distinto fuera equivalente a una moda pasajera.

Ante la realidad regida por el consumo-olvido, el rescate de la memoria se vuelve un acto revolucionario. La investigación histórica, sociológica, psicológica, etc., de los movimientos sociales y artísticos en relación con la vida cotidiana se presenta como un ejercicio de autoconocimiento al asumir a quienes han luchado a lo largo de la historia y a quienes han permanecido calladxs como nuestros antecesores, como dominadxs. Autoconocimiento que se convierte en guía, en la luz que nos impulsa a salir de la cueva del capitalismo.

Pero este ejercicio es casi imposible en una ciudad cuyos dominadores han intentado borrar todo registro de lucha digna, de nuestras tradiciones y nuestra identidad. En Monterrey, N.L., la historia se ha escrito intentando forjar un discurso que no solo es visto desde arriba, sino que asume a los grandes empresarios como parte del pueblo, como si éstos fueran nuestros antepasados. Como jóvenes, hemos sido despojados de la memoria de quienes realmente nos anteceden y somos sometidos a seguir el patrón dictado por la cadena de desarrollo.

En el mundo académico se ha avanzado bastante en la expansión de las temáticas de investigación, volteando a ver los principales problemas de la clase trabajadora, incluso  se han comenzado a dar avances en la historia de las mujeres. Pero la naturaleza elitista de las universidades y centros de investigación ha alejado a las clases dominadas de su propia historia, por lo que los esfuerzos que se realizan dentro del aula por conocer nuestra historia terminan en la frustración de quienes los llevan a cabo o quedan enfrascados en una biblioteca que nadie irá a visitar.

La hegemonía cultural que se ha impuesto desde la consolidación de la élite en Monterrey nos ha mantenido en una falsa identidad que la academia no ha podido cambiar. Desde la llamada cultura del trabajo hasta la cultura de la competividad, Monterrey se ha mantenido en un proceso constante de consumo-olvido, condenando a los movimientos sociales al fracaso y a las creaciones artísticas al confín del museo y/o al olvido.

La imposición cultural a la que estamos acostumbrados solo puede desaparecer cuando creamos, recordamos y difundimos las expresiones que luchan en contra de ésta. Son cientos los ejemplos de colectivos e individuxs que se han sumado a esta lucha a lo largo de la historia de Monterrey, pero insistimos, el problema radica en que estos ejemplos han pasado al olvido, mientras que los proyectos que existen en la actualidad crean a partir de cero, cometiendo errores que se pueden ahorrar si se tiene pleno conocimiento del pasado, saliendo del aislamiento para con el resto de sus compañerxs que comparten preocupaciones similares.

Por esto, consideramos la labor de registrar como el primer paso en la resistencia contra la privatización del conocimiento. Buscando el archivar todo lo que nos sea posible, aquello que se creó por los movimientos sociales, el arte y en el día a día de la gente en Monterrey. Juntando estas tres variantes que a lo largo de la historia han reflejado la realidad del momento y en más de una ocasión convergen para transformarla.

La creatividad es algo que distingue a la humanidad. En la vida cotidiana, los hombres y mujeres van desarrollando conocimientos que facilitan la vida en general, partiendo desde los métodos naturistas para conservar la salud hasta las formas más diversas y cotidianas de generar arte, las cuales se van transmitiendo a través de la palabra, el ejemplo y el recuerdo. Pero ante el exceso de información en el que estamos inmersos, estos conocimientos se pierden y desaparecen de la práctica, condenándolos al olvido.

Los movimientos sociales tienen una capacidad creadora de enorme proporciones. Al plantearse la mejora de un aspecto de la vida en específico o la transformación radical de la sociedad, las agrupaciones que se deciden por la generación de un movimiento que vaya en contra de al menos una de las imposiciones del sistema, tienen en su seno la semilla de un mundo nuevo. Sin importar las victorias o las derrotas, el rescate de lo generado por los movimientos sociales nos ayuda a esclarecer los principales problemas de la sociedad de su momento y las alternativas que crean para cambiarlos o eliminarlos.

A su vez el arte se vuelve una herramienta fundamental, no un arte elitista con parámetros estéticos únicos que desprecia la diversidad de expresiones, sino un arte con minúscula, ese que  es compartido y que permite expresarnos y ponerle imágenes, colores o palabras a los ideales, sentimientos y experiencias. Es en el arte, en la creatividad y en la expresión donde podemos ir encontrando salidas al laberinto del sistema.

Todas las lecciones que podemos aprender de estos tres aspectos de la humanidad están en constante peligro de desaparecer, ya sea por la selección arbitraria de lo que debe de ser recordado o por el exceso de información, pero ante esto se está llevando a cabo a nivel global la lucha por la cultura libre. Es decir, la lucha por reconocer que cada una de las obras, herramientas y proyectos que creamos no se generan de una manera aislada, sino que son el resultado de la experiencia colectiva, se sintetiza y a través de su difusión y discusión, somos capaces de transformar la cotidianidad de las personas en las redes en que conviven. Por lo que no podemos restringir la difusión del conocimiento, sino que debemos luchar por compartirlo.

Ante esto, la tarea de registrar y la consecuente creación de un archivo hecho desde abajo, lleva de la mano la necesidad de discutir entre diversos proyectos locales, nacionales e internacionales que se han encargado de registrar de una manera u otra la realidad que nos rodea, principalmente a través del fanzine, el periódico/blog, la fotografía, el testimonio oral, el documental, etc., vinculando proyectos y facilitando la obtención del material que se ha creado a lo largo de la historia de estos colectivos e individuxs; esto para fortalecer los lazos entre proyectos y enriquecer el archivo.

La mayoría de los archivos oficiales limitan sus actividades a la acumulación del conocimiento del pasado. Para poder construir un archivo distinto, dinámico y en resistencia, además de la discusión y almacenamiento, es nuestro deber generar investigaciones de toda índole con el material catalogado. Y no solo la investigación histórica, con el esfuerzo de archivar aquellas creaciones que suelen excluirse de las grandes bibliotecas estatales y privadas, pueden crearse exposiciones colectivas dentro de las tres preocupaciones ya mencionadas: movimientos sociales, arte y vida cotidiana.

Esto con el objetivo de que la construcción de un archivo en resistencia no se base en la acumulación y centralización del conocimiento muerto como se da en los casos de los archivos estatales y privados, sino que éste sirva como un espacio de encuentro de diversas experiencias donde puedan fortalecerse y generar nuevos proyectos.

La concentración y difusión de las experiencias de resistencia pasadas y actuales sumado a la constante discusión entre quienes las han compartido, puede  generar nuevo conocimiento basado en el recuerdo y la crítica. Conocimiento que es nuestro, de quienes tomaron la iniciativa de luchar o sin darse cuenta iban en contra de la corriente día con día; conocimiento que no muere en las bibliotecas del sistema, sino que nos sirve para construir una vida nueva y mejor.

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