Sobre el empleo del tiempo libre

Internacional Situacionista

La banalidad más vulgar de los sociólogos de izquierdas, desde hace años, es insistir en la función del ocio como factor dominante en la sociedad capitalista desarrollada. Éste es el lugar de infinitos debates a favor y en contra de la importancia de la elevación reformista del nivel de vida o de la participación de los obreros en los valores dominantes de una sociedad en la que cada día están más integrados. El carácter contrarrevolucionario común a toda esta verborrea es que considera forzosamente el tiempo libre como consumo pasivo, como posibilidad de ser, cada día más, espectador del absurdo establecido. El número 27 de Socialisme ou Barbarie dedicó una llamada al orden a un coloquio particularmente pesado de estos investigadores (Arguments 12-13) que recolocaba sus trabajos mitológicos en el cielo de los sociólogos. Canjuers escribía: “Como el capitalismo moderno, para poder desarrollar el consumo cada día más, desarrolla en la misma medida las necesidades, la insatisfacción de los hombres sigue siendo la misma. Su vida no adquiere otro sentido que el de una carrera hacia el consumo, en nombre de la cual se justifica la frustración cada vez más radical de toda actividad creadora, de toda iniciativa humana verdadera. Esta significación les parece cada vez menos admisible a los hombres…” Delvaux hizo notar que la cuestión del consumo se dejaba todavía dividir por la frontera pobreza-riqueza, viviendo los 4/5 de los asalariados perpetuamente en la miseria. Y sobre todo, que no existía razón para inquietarse por que el proletariado participase o no en los valores porque “no los hay”. Y añadía la constatación central de que la propia cultura “…cada vez más separada de la sociedad y de la vida de las personas -los pintores que pintan para los pintores, los novelistas que escriben para novelistas novelas sobre la imposibilidad de escribir una novela- ya no es, en lo que tiene de original, más que una autodenuncia perpetua, denuncia contra la sociedad y rabia contra la cultura”.

El vacío del ocio es el vacío de la vida en la sociedad actual, y no puede colmarse en el marco de esta sociedad. Esto es lo que refiere, y al mismo tiempo oculta, todo el espectáculo cultural existente, dentro del cual podemos distinguir tres grandes formas:

Subsiste una forma “clásica”, reproducida en estado puro o prolongada por imitación (por ejemplo en la tragedia, en la cortesía burguesa). Existen a continuación infinidad de rasgos de un espectáculo degradado, que es la representación de la sociedad dominante puesta al servicio de los explotados para su propia mistificación (los juegos televisados, casi todo el cine y la novela, la publicidad, el automóvil como signo de prestigio social). Finalmente existe una negación vanguardista del espectáculo, a menudo inconsciente de sus motivos, que es la cultura actual “en lo que tiene de original”. A partir de la experiencia de esta última forma la “rabia contra la cultura” se une a la indiferencia de la clase proletaria ante todas las formas de la cultura del espectáculo. El público de la negación del espectáculo no puede ser, hasta el fin del espectáculo, más que ese público -sospechoso y desgraciado- de los intelectuales y artistas separados. Porque el proletariado revolucionario, manifestándose como tal, no podría constituirse en nuevo público, sino que se haría totalmente activo.

No existe el problema revolucionario del ocio -del vacío a colmar- sino un problema del tiempo libre, de la libertad a tiempo completo. Ya lo hemos dicho: “No hay libertad en el empleo del tiempo sin la posesión de los instrumentos modernos de construcción de la vida cotidiana. El uso de tales instrumentos marcará el salto de un arte revolucionario utópico a un arte revolucionario experimental.” (Debord, “Tesis sobre la revolución cultural”, Internationale Situationniste, nº 1). La superación del ocio en una actividad de libre creación-consumo no puede entenderse más que en relación con la disolución de las artes del pasado, con su mutación en modos de acción superiores que no rechacen ni supriman el arte, sino que lo realicen. El arte será de esta forma sobrepasado, conservado y superado en una actividad más compleja. Podrán reencontrarse parcialmente en ella sus antiguos elementos, pero transformados, integrados y modificados por la totalidad.

Las vanguardias anteriores se presentaban afirmando la excelencia de sus métodos y principios, que debían juzgarse inmediatamente en sus obras. La I.S. es la primera organización artística que se basa en la insuficiencia radical de todas las obras permitidas, y su significación, su éxito o su fracaso, no podrán juzgarse sino con la praxis revolucionaria de su tiempo.

Nota editorial del # 4 de Internationale Situacionniste (4-VI-60). Traducción extraída de Internationale situationniste, vol. I: La realización del arte, Madrid, Literatura Gris, 1999.

Recuperado en: http://www.sindominio.net/ash/is0401.htm

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